• Otro día más (II)

    Nunca hay que ponerse cerca del profesor, de la cuarta fila hacia detrás es lo correcto. A nadie le gusta que le salpiquen las palabras que ladran. Había una persona que se sentaba en primera fila y de tantas babas se volvió listo. Ahora es una persona importante rodeado de mil proyectos, pero el olor a saliva no se lo quita nadie. Yo para el tema de higiene soy muy maniático, nunca he olido mal y menos a profesor. Una vez me duche 10 veces, mientras lo hacía por última vez me llamó un número desconocido, seguro que era una empresa de gel para ofrecerme salir en un anuncio.
    El chacal entró por la puerta, pero a mí no me importaba, yo esperaba a ella. Empieza a llover en las primeras filas, eso quiere decir que la clase a empezado. Hay que admitir que la asignatura es interesante y el cabrón se explica bien, aunque no tanto como al ángel al que espero. En ese momento oigo una batería y sé que está aquí. Media clase se gira y ella esboza una tímida sonrisa. Se sienta al lado mío y me saluda. Yo paso de ella. Me mete la mano entre los pantalones y empieza a masturbarme. Un codazo de Carlos me hace volver a la realidad. Ella está sentada donde siempre, lejos de mí.
    - El chacal te ha hecho una pregunta.
    Estoy jodido, lo único que tengo es el rifle apuntando al cielo esperando algún pájaro. Empiezo a vacilar como un tonto. La gente se ríe, ella se ríe. Al profesor no le hace gracia y todos callan. Le hace la pregunta a otro. Me salvo de una de sus contestaciones, yo no molesto en clase y él no me molesta a mí. Me hago un favor y empiezo a tomar apuntes.
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