• Batman: Arkham Knight - Reseña (1)

    “Protector. Vengador. Detective. Campeón.” Así describía Frank Miller a una visión bastante macarra del de Gotham en las páginas del crossover que compartió con uno de mis iconos de adolescencia: Spawn. Una extraña colaboración que navegaba entre insultos de bar y sonoros soplamocos y que resultaría en una suerte de sutura de trinchera, practicada con el cordón de unas J. Hayber, tras un batarangazo en plena cara de Spawn que hacía las veces de telón para aquel extraño volumen —dejando marcado el rostro a mi anti héroe favorito durante más de treinta números—. Esa es una de las escasas interacciones a través del comic que tuve con el caballero oscuro —una que sin duda dejó “huella” y que aún recuerdo con cariño—. Pero mi relación con el bicho alado y su cosmogonía se verían cimentadas mayormente a través del cine (pasando de puntillas sobre el batusi y Adam West) y, por allí precisamente fue donde la misma habría de sufrir todo tipo de altibajos. Desde la genial Batman de Tim Burton con su oscura escenografía y un Joker de diez interpretado por Jack Nicholson, a la no tan genial Batman Returns. Pasando por los atentados con bomba en forma de batipezones de Joel Schumacher, y terminando con la más que notable trilogía de Nolan y Christian “angry rant” Bale, encarnando en la cresta de su carrera al millonetis enmascarado de Gotham. Pero ¿y el videojuego? Pues bien, nuestro aún inmaduro medio, y al igual que el cine, no puede presumir de haber sabido llevar siempre las batmallas con orgullo, y los videojuegos de Batman que mereciesen la pena podían contarse como excepciones de entre toda la batbasura —o excusa de dinero fácil—, a la que nos ha sometido tantas veces el binomio súper héroe-videojuego… hasta 2009.

    La era Rocksteady:

    No obstante la cosa cambió cuando unos muchachos salidos de quién sabe dónde se arrancaron con una coplilla que llevaba por nombre Batman: Arkham Asylum; sorprendiendo a propios y extraños y marcándoles como el estudio que puso en la constelación de los imprescindibles la figura del súper héroe. Mucho ha llovido desde entonces (Batman AC & Batman Origins) y hasta hace tan sólo unos meses, cuando nos llegó la que sería la “tercera” iteración que pone cierre a una saga que ha ido incrementando sus ambiciones desde su nacimiento. Y sé que llego algo tarde, pero no por ello quería dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas líneas a un título al que considero ciertamente relevante para el triple A moderno, tanto para bien, como para mal.

    Sinopsis:

    El argumento de Batman: Arkham Knight retoma el hilo de lo sucedido en el anterior juego canónico de la saga. Con la muerte del Joker el hampa de Gotham adolece de un vacío de poder, lo que se traduce en un periodo de relativa calma chicha en sus calles. Pero la cosa no tarda en venirse arriba cuando aparece el Espantapájaros decidido a convertir Gotham en un episodio de Callejeros ambientado en los parkings de las discotecas más populosas de España, drogaína mala mediante, a la que el juego llama “toxina”. Este acontecimiento es el toque de corneta para que la ciudad sea evacuada y se abra el periodo de inscripción para el “club de los no Homers” en versión murciélago. Bruce Wayne se ve entonces obligado a interrumpir el visionado de Juego de tronos y la ingesta de refrescos y Doritos —a la que nos ha llevado a todos alguna vez la falta de objetivos claros en la vida—, para volver a embutirse entre dos orejas picudas y su capa de tejido inteligente y empezar a recordarle quién es a todo el que se cruza, diciendo aquello de “yo soy Batman”, entre tortas, calambres, perrerías varias y desapariciones fugaces, producto quizá de un retortijón de Matutanos en esta ocasión (el juego no lo deja claro).

    El análisis:

    “El final y la perfección de nuestras victorias es evitar los vicios y enfermedades de los que sometemos.”

    Alejandro Magno, el puto amo.

    Con la saga Arkham, Rocksteady han conseguido un hito que a veces no se les reconoce tanto como a otros y es algo que hay que decir sin paliativos: Batman es una de las bestias jugables más ambiciosas del triple A, y sus posibilidades, aparte de numerosas, siempre han sido 100% satisfactorias. Su catálogo de acciones y batchismes hablan por sí solos y todos tienen su espacio y momento dentro del juego. Pero por desgracia sus argumentos no siempre permean a suficiente profundidad en el mundo abierto que se nos plantea. Y es entonces cuando volvemos a uno de los problemas más recurrentes de estos últimos años: el desarrollo en torno al concepto abstracto del sandbox en detrimento del buen diseño.
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