• Big Boss, Kojima y la Guerra sin Fin

    Hablemos de Kojima para variar.

    Si en MGSV Kojima propone el dolor fantasma, ese malestar del ser incompleto, de haber sido arrebatado a si mismo, como detonante de los acontecimientos venideros, es porque también ha sido una motivación constante en su carrera como desarrollador. La imparable búsqueda de algo aún más sublime es una de las máximas de los grandes creadores. No hay quien no tenga una pequeña espina clavada por cada proyecto acabado. Pero en el caso del desarrollador japones, al igual que el atormentado Big Boss, el dolor lo forzó a recorrer caminos peligrosos, hacia su propia destrucción.

    En 1987, con Metal Gear, su primer proyecto personal, ya empezó a dar síntomas de su oscura vinculación: cada vez que Big Boss nos conducía a una trampa, nos engañaba para perder progreso, o demostraba haber construido su fortaleza con ladrillos de maldad y fosos colocados con mucha mala leche, era el propio Kojima el que en realidad nos torturaba tras un parche y una barba de pega.



    Se trataba de un juego autoconcluyente (eran otros tiempos, sniff, donde las secuelas no eran per se). Y aún así era notorio que en lo narrativo y jugable se aspiraba a mucho más. Aspiraciones que se materializaron en MG2: Solid Snake. Otra aventura autoconcluyente donde narración y mecánicas dieron un salto terrible.

    Y es ahí, en su punto más transcendente,donde un pixelado Big Boss nos introducía el concepto de “guerra eterna”. Esa condena existencial de vivir en un conflicto sin fin, con la muerte a manos del enemigo como única vía de liberación. En ese momento, Big Boss traspasaba su “maldición” a Snake, condenándolo a una existencia sin paz. Solid Snake se vería forzado a luchar para siempre… pero ello también implicaba que una mano oscura debía mover los hilos y engranajes de la guerra para proveer al mundo de más muerte, armamento y odio ¿Los patrios? No: el propio Kojima.



    Ya con la coletilla “Solid” en el título, la saga empezó a mostrar los síntomas de esa incertidumbre interna. MGS cerraba a la perfección todos sus arcos argumentales, para abrir una nueve justo en el cierre. La duda entre el hastío y abandonar a Snake al olvido era evidente. También era evidente para cualquiera, menos Kojima, que Sons Of Liberty no podía ser el último Metal Gear. Y el carácter puramente tramitativo de Snake Eater hacia notorio que la mente del genio japonés ya estaba puesta en otra secuela de nueva generación.

    Tampoco ayudaban los saltos tecnológicos que se vivían entonces, haciendo volar la imaginación de Kojima a cotas que tal vez no eran posibles. Alimentando así su frustración y el dolor, con la esperanza de que la próxima generación de engendros mecánicos (veases consolas /metal gears) pusiera fin a todo. Pero la carrera del silicio nunca acaba.



    Junto toda su voluntad con Guns of the Patriots, y casi consigue finiquitar todo. No siempre acertado, pero sí concluyente cerrando todas las tramas: un portazo en toda regla para no volver a mirar atrás. Nunca. Incluso Big Boss, ese subsconciente de Kojima, el cual había condenado décadas atrás a Snake y a sí mismo a perpetuarse mutuamente en locas aventuras de guerra y engaño, hizo acto de presencia. Pero esta vez para liberar a obra y creador de la “guerra sin fin” de la creación obsesa.

    … y así poder descansar. No está mal ¿no?



    ¿Tonces, qué paso? ¿Fue la compañía el que lo obligo a volver, o le fue imposible a Kojima delegar su trabajo tal como dijo que deseaba? En teoría él solo iba a supervisar el proyecto Peace Walker, pero poco a poco se fue involucrando más y más, como siguiendo el lejano ruido de los tambores de guerra. Y al igual que Big Boss secretamente desarrollaba un arma que le daría la llave de la hegemonía global, nuestro Japones imprevisible favorito urdía el desarrollo de la tecnología que haría realidad, por fin, sus sueños: fox engine, señores.

    El resto ya es historia reciente. En ambos casos, el abrumador alcance de sus proyectos terminaron por derrotarlos, dejando en el limbo a su supuesto protagonista, Big Boss, que tranquilamente podría estar tomando un Sidecar junto a Hideo. Acompañando a su creador en estas vacaciones sin fin que le ha tocado “disfrutar”.

    "P.D: Y ya va siendo hora de parar con el tema, asique esta será la última vez que hable de Kojima o MGS"
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