• 25 añitos tiene mi amor

    Esta semana me encuentro en portada con la inesperada noticia de que Mega Drive cumple 25 añazos. Así, sin más, la que fuera mi primera y más fiel compañera de juegos, la razón por la que crecí y moriré SEGuero se planta en el cuarto de siglo... y ay! advenedizo y olvidadizo de mí, me salto su onomástica!!

    Con la intención de redimirme, he decidido inaugurar mi anaitoblog con una entrada a la altura de esta maravillosa consola y lo que significó para mí en su día. Así que permitidme que encole en mi Winamp los cuatro primeros Bolero Mix y me retrotraiga por un momento a la época en la que aún leía cómics de Mortadelo, la teta de Sabrina Salerno hacía correr ríos de tinta (entre otros fluídos) y el mullet de Kiefer Sutherland en Jóvenes Ocultos seguía siendo lo más de lo más (y aún lo es, por lo que a mi respecta). Exacto, me estoy refiriendo a los good ol' nineties!!

    Los 90 fueron para mí una década de gozo y dicha sin fin puesto que, a pesar de ser hijo único y tener pocos amigos (al contrario que ahora, que no tengo ninguno :( ), pude contar con la inestimable compañía de esta joven y estilosa japonesa, siempre dispuesta a conducirme de la mano por infinidad de apasionantes mundos de fantasía en los que vivir una aventura SEGA. Fue aquella una época luminosa, en la que los recuerdos de experiencias vividas se mezclan inextricablemente con los juegos que disfrutábamos en aquel momento: lluviosas mañanas de verano con Humor Amarillo en Tele 5 y Toe Jam & Earl en el euroconector, largas tardes de estudio a su lado, deseando acabar los deberes para jugar juntos por enésima vez a Strider, la mudanza a nuestra nueva casa de verano con Another World y Sonic 2, o incluso aquella ocasión años más tarde, en la que mi madre, furiosa con ella (un ataque de celos, seguro), arrojó sus juegos por el balcón de nuestra casa de campo...

    Fue una fructífera relación de casi 6 años pero, por desgracia, nada es eterno. Un buen día, tras revisar la última Hobby Consolas, aquella otra constante en mi vida que me permitía discernir el devenir de los meses, me tope con una nueva belleza: Saturn era su nombre y su imagen vibrante y cosmopolita, tan opuesta a la serena y ya familiar que me inspiraba Mega, me cautivó. La carne es débil y el deseo acabó imponiéndose: una tarde de otoño, con su sustituta esperando en el coche de mi padre, me dispuse a separarme de ella definitivamente. Cuando nos quedamos a solas en mi habitación, la sujeté entre mis brazos y la contemplé una vez más, como tantas ocasiones había hecho en el pasado: pese a sus arañazos, fruto de la edad y su sobrepeso (cogió unos cuantos gramos cuando decidimos tener una 32X), se la veía radiante, con las mismas ganas de agradar de siempre. Con el corazón en un puño, desconecté con cuidado sus periféricos; tras una última caricia de despedida, la introduje con ternura en su embalaje y la deposité en el desván, el cementerio donde los recuerdos más bellos yacen ahogados en polvo. No he vuelto a saber nada de ella durante años, y aún me odio por ello.

    De mi relación con Mega me quedaron bellos recuerdos, muchas historias memorables y una predilección por las morenazas asiáticas de porte imponente. Por supuesto, luego vinieron otras, más modernas, mejor dotadas y más independientes, tan seguras de sí mismas que incluso se atrevían a darme órdenes: "Inserta una tarjeta de memoria", "Te has dejado la bandeja del CD abierta"... Ella nunca me pidió nada más que mi atención y, a cambio, se entregó por entero a mi. Mis nuevas compañeras eran sofisticadas, sí, pero a cada cual más frívola y superficial. Saturn, PS2, PSP, PS3... sus propuestas, pese a aumentar en espectacularidad, eran cada vez más impersonales, incapaces de hacerme sentir ese fuego interior, ese anhelo por revivir los momentos de pasión que habíamos vivido juntos. Eso, sólo Mega supo dármelo.

    Desde entonces no he vuelto a tener una relación como aquella; algo que me permita sanar la herida abierta en mi alma desde que la abandoné. No lo sé; tal vez el problema radique en mi incapacidad de adaptarme a los tiempos. Ahora que el polígono es el rey, siento que mi pixelado corazón anhela volver al sprite, o peor aún: puede que nunca lo abandonara realmente y me he estado engañando a mi mismo durante años!! Ahora que suenan rumores sobre una nueva morena, muy deseada por los indies, conseguiré recuperar al fin la ilusión?

    Pase lo que pase, sólo hay algo que sé con seguridad: jamás podré olvidar a aquella humilde japonesa con la que compartí, en un remoto pueblo de Cantabria, los mejores años de mi vida. Te echo de menos, pequeña.
    5
    • timofonic, 09/11/2013
      ¿Nadie recuerda el Segagaga? Todo un auto-homenaje a SEGA antes de convertirse en Sega.

      Es una pena que la traducción no oficial haya quedado muerta y no hayan novedades, lo poco que he visto del juego es bastante interesante, ya que te enseña a modo de RPG bizarro y loco la historia de esta compañía (y la de las peculiaridades del desarrollo de videojuegos japoneses, al parecer) antes de convertirse en otro gigante sin alma.
    • hayato, 09/11/2013
      Me lo perdí en su momento (llegué tarde a esa generación, y mi elección fue PS2), pero lo que he leído sobre él suena muy prometedor. Tendré que darle un vistazo en cuanto pueda... ;)
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