• Creciendo en Nunca Jamás

    Hace ya siete años que llegó a mis manos. Aquella extraña tarjeta cuyo encanto me sedujo como pocos juegos consiguieron hacerlo. Un mundo bucólico, cuya artificial inocencia llegó a consumir demasiadas horas como para ser recordadas.

    Animal Crossing robó mi juventud, mi cordura y mi sentido común.
    Ahora ha vuelto. Y no seré yo quién haga esfuerzos por resistirse.

    Los primeros años de instituto, pese a los males mayores, suelen recordarse con bastante cariño. Obviando por supuesto el hecho de convertirnos poco a poco en unos bastardos ruidosos de voz ambigua y un vago atisbo de vello facial.

    Por aquel entonces casi todos gozábamos de mucho tiempo para invertir jugando, especialmente con amigos. Quizá demasiado. A su vez, un criterio poco definido nos dotaba de la asombrosa habilidad de tragar la mierda que dictaba Hobby Consolas como cabrones.

    Animal Crossing crea una estrecha relación con el jugador. Los pequeños cambios diarios en el pueblo acompañan el devenir de cadaquién en su vida personal. Nuestra radiante aldea actúa como un refugio respecto al mundo real. Un pequeño confidente, en el que el jugador se siente cada vez más peligrosamente cómodo. Y esto, para un adolescente influenciable, es algo muy significativo.

    Animal Crossing juega enormemente con el paralelismo. Es un mundo alegre, fantástico y agradable. Es imposible no caer rendido a sus encantos. Dejarse llevar por el espíritu de la inocencia, la ilusión, o la sexualidad ambigua. Un pequeño placer al que es imposible resistirse. Por que a fin de cuentas, ¿a quién le hace daño un caramelo?

    Pero Animal Crossing es un caramelo amargo. Es el amigo con el que evitaríais quedar. La gominola llena de pelusa que vuestros padres evitarían que os llevaseis a la boca, al grito de dos efectivas y repetidas sílabas. La droga que innumerables campañas publicitarias os coartan a consumir. La tía de aquella noche. Pero lo peor de todo, es que aún no lo sabes.

    Es sorprendente como el juego, sobresaliente en cuanto a contenido y variedad, se dosifica en pequeñas cantidades. El funcionamiento horario del pueblo nos insta a limitar las partidas, comenzando por los relajados paseos a la orilla del río, las entretenidas sesiones de pesca o la torpe introducción en la decoración de interiores, a la dependencia más inconsciente. Cuando uno se encuentra a si mismo en un caldeado debate interno sobre la gama cromática de los muebles de su cocina virtual, sabe que ya no hay vuelta atrás.

    Las horas que invertí en Animal Crossing: Wild World son escandalosamente altas. Posiblemente el sistema decimal no sea suficiente para contarlas. Pero curiosamente no lo considero un tiempo perdido. Es posible que esto se deba únicamente a un contexto personal, pero en cierta manera creo que es un juego que me ayudó a crecer. Creó un hábito, y dispuso ante mí el paso del tiempo.

    Ahora me sorprendo con su nueva entrega: donde antes veía paz y calma, las intoxicaciones universitarias de ensayos me hacen consciente de la voraz sombra capitalista que ocultan sus afables personajes. Detalles que se revelan sutilmente y recuerdan que, pese a todo, el pueblo en el que has habitado durante largas partidas ya no es el mismo.

    El contraste entre las dos entregas es grande. Mucho más del que hay a simple vista. Pero no necesariamente en su contenido, si no en su ejecutor. La aparente calma y el ambiente inmutable cobra nuevas formas respecto a los ojos del observador.

    Quizá la razón de este texto se deba a una visión puramente personal. Quizá sea grandilocuente, pedante e innecesario, o quizá simplemente descargue mi frustración, porque las tiendas de Paca y Nook estén cerradas y no pueda continuar con mi partida hasta mañana.

    Todo cambia, incluso donde el tiempo no pasa. Por eso os animo a disfrutar de esta inofensiva cápsula de introspección. Dejaos atrapar. Dejaos seducir. Porque aunque no lo parezca, hay mucho que aprender. Pero por favor, hacedlo con cautela. Porque Animal Crossing puede robar muchas más cosas de las que podríais soportar. Incluso la Navidad.
    3
    • lokewen, 13/06/2013
      Animal Crossing marco tu juventud...dios, que vieja me siento. Y si, te tiene sorbido el cerebro, vuelve al Dark Souls que la ambientacion es mucho mas agradable (?)
    • ainnariel, 13/06/2013
      Y hace un rato yo me dije: "tengo que decirle a @brantnort que escriba algo de Animal Crossing" y guiado por el azar del destino acabé entrando aquí para consultar mis novedades, y de forma aún más azarosa encontré este post. Una sonrisa maquiavélica iluminó mi rosto y supe que el daño ya estaba hecho.

      A partir de las 00:00 tendrás un nuevo vecino.
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