• La importancia de (no) llamarse gamer

    En el último número de Edge, la genial Leigh Alexander escribía lo siguiente en su columna, Level Head, una de las secciones imprescindibles de la revista:

    It’s increasingly out-of-fashion to use the word ‘gamer’ these days – that kind of proud self-labelling has begun to summon negative connotations. Much of the embarrassing hostility and childish, abusive behavior we see in our culture online can be traced to misguided pride in the gamer identity, an insular refusal to welcome change, and many people have reacted by divorcing themselves from the label.

    Others find the term increasingly irrelevant to the new and broader role gaming has begun to adopt in culture – people don’t identify themselves solely as ‘book-readers’ or ‘movie-goers’ when those media are components of a healthy entertainment diet; the word ‘gamer’ starts to feel like needless boundary-drawing around something that’s becoming inclusive whether everyone likes it or not.


    La columna viene a hablar sobre lo caduco de muchos de los términos que usamos los jugadores para hablar de nuestra afición común, y de cómo la mayoría ya no tienen esa propiedad de hacernos pertenecer a un grupo secreto y más o menos exclusivo de nerds como ocurría cuando éramos críos: definir qué es un jugador hardcore es complicado, porque casi todas las definiciones incluyen o excluyen a tipos de jugador que nosotros, los hardcore, no aceptamos como parte de nuestra logia. Definir qué es un juego, incluso, es complicado; es complicado por cómo los "gamers" tradicionales habitualmente rechazan el cambio, como decía Alexander; volviendo a ella:

    It’s popular to debate even the word ‘game’ these days, a conflict that’s probably part of the runoff that comes with definitions changing everywhere. Games like Dear Esther or Proteus have garnered much discussion and acclaim – but just as many conversations about whether or not they ‘are games’, because they focus on exploration and interpretation versus set goals.

    The particularly interesting thing about the ‘what’s a game?’ debate is that people abreast of experimental indie design culture and small, boundary-pushing releases are probably this age’s most committed game fans. They’re the ones speaking obscure names, evangelising unsung secrets and feeling little-understood in school or in the workplace where everyone has heard of Minecraft but not of Dys4ia.


    Imagino que un arte tan bipolar, peterpanesco y esquizofrénico como el nuestro siempre tendrá problemas para fijar terminologías y compartimentar tipologías de juego, pero no me resulta preocupante. Pero sí que tiene Leigh razón cuando pone, explícita o implícitamente, al jugador indie a la cabeza de la fauna de los videojuegos: son ellos los que se preocupan por la innovación, por la experimentación, por tener el culo lo menos quieto posible. Son ellos los que llevan la dieta variada, los que juegan a todo lo que pillan, sin prejuicios, y además leen novelas y ensayos y ven películas y escuchan todo tipo de música. Ese perfil de jugador ideal es el que Leigh parece preferir; quizá no exista en un estado tan puro como a ella le gustaría pensar, pero coincido un poco con ella. Dedico una cantidad de tiempo muy alta a jugar a todo tipo de videojuegos, tanto por motivos profesionales como por puro gusto; sin embargo, y no sólo por el anglicismo metido con el peor calzador, nunca me llamaré a mí mismo gamer.
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    10 Comentarios
    • gury, 06/04/2013
      Quieres identificarnos,tienes un "poblema"
    • brantnort, 10/04/2013
      El hecho de preocuparse de la etiqueta me resulta igual de odioso que en el caso de los modernillos: Supuestos melómanos tan fans de todo pero de nada al mismo tiempo.
      Ser gamer en los 90 era muy distinto a ahora. Quizá la idea de la diferenciación y la exclusividad sea un sentimiento demasiado arraigado en muchos jugadores.
      Si ahora ser ''gamer'' ya no es guay, diré que no lo soy, pero que me encanta recordar los tiempos de mi Atari 2600. El postureo llega al mundo gamer. Bueno, (no) gamer.
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