• Cinco cosas que he aprendido con BioShock Infinite

    BioShock Infinite es un juego muy didáctico. He jugado muy poco; justo lo que jugó Pep en la sesión de preview de la que sacó aquella fabulosa entrevista que publicamos hace unas semanas. Sin embargo, ya he aprendido alguna lección muy valiosa. Me vienen a la cabeza estas:

    1. Robar las propinas en las terrazas no está mal.

    Durante un buen rato, Infinite parece un simulador de raterillo que va por el Borne rapiñando las propinas que la gente deja en las mesas. En Columbia hay un buen montón de mesas, algunas con gente que habla de sus cosas y otras vacías, es una ciudad muy dada a las cañitas y a las terracitas. Nadie parece tener ningún problema cuando sisas las monedas que la gente se ha dejado en las mesas; incluso si todavía hay gente sentada, todos parecen dar por supuesto que está bien pillar el cambio: en Columbia no dan propina a los camareros, dan propinas a la vida.

    2. Los efectos del alcohol se remedian con tabaco.

    Y viceversa. Beber alcohol da vida pero quita sales, el equivalente a la magia en Infinite; fumarte un piti (o un paquete entero, en tiempo record, calzarte veinte pitis de un tiro) da sales pero quita vida. Al final, si te trincas una caja de botellas de vino y te fumas un cartón de Ducados estás en paz con el mundo, con el universo y con tu organismo.

    3. Los papones pueden tener muy mala baba.

    En cierto momento te cuelas en una especie de misa a la que están asistiendo una pandilla de tarados vestidos de papones. Yo me a la mayoría con una bola de fuego bien calculada; la Semana Santa en Columbia es bien jodida, se conoce. Los que quedaron me persiguieron con cuchillos y malas intenciones, así que mejor no intentar ninguna tontería en medio de una procesión.

    4. Lo que no mata engorda.

    Puede que tenga que ver con su pasado etilodependiente, pero a Booker no le importa echarle un trago a todas las botellas que encuentra, sin importar su forma o el color de su contenido. Es un titán de la litrona. Pasa las borracheras como un campeón y más de una vez sale del trago con unos malos viajes que ni el más malrrollero de los tripis, pero parece importarle bien poco, porque siempre aprende algo nuevo. En la vida real no hay brebaje que te haga invocar cuervos a placer, imagino, pero la ley en Columbia es de las menos secas: aquí churrar siempre da buenos resultados. ¡Si incluso una de las bebidas nos da un poder con el que podemos rapiñar todavía más monedas, trampeando las máquinas expendedoras! Fantástico, Booker. Estarás orgulloso.

    5. Johnny, la gente está muy loca.

    Como canta esa Bob Dylan del siglo XXI que es Esthera Sarita: Johnny, la gente está muy loca... what the fuck? Ese parece el mensaje del juego, en general; Booker, el protagonista, lo dice en cierto momento: la ciudad puede estar volando por encima de las nubes, pero incluso allí hay grillados: el huracán de mierda que se levanta cuando descubren quién somos es de los de Twister, de los gordos.

    De momento Infinite me está pareciendo estupendo, por cierto.
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    5 Comentarios
    • welks, 02/04/2013
      Yo he aprendido que en las ciudades flotantes los protocolos de evacuación y desalojo funcionan mucho mejor que aquí en la Tierra. Un disparo o una guaya a un guardia en Columbia y toda la gente se pira de la forma más absoluta, súbita y limpia. Once emes o eses en Columbia no.
    • heinrich, 02/04/2013
      Jajaja YES UN FENOMENU GALLU!! Que ganas de pillarlo
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