• Publicado el 23/10/2019 Esto es un post en el blog de: Psiconauta @psiconauta Offline Bio: Psiconauta Ir a su perfil completo

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    Brad Armstrong

    ¡Hola! Estoy segurísimo que esta lectura entra mejor si escuchas esta canción de fondo:
    https://www.youtube.com/watch?v=Aej3kzfQ4Yk


    Me hace mucha gracia Jason Statham. Es mi actor favorito, siempre tiene papeles complicados que le obligan a metamorfosearse. Me cuesta imaginar el trabajo que ha de suponer para un actor interpretar tantos papeles tan difere... PFFF JAJAJA ¿te imaginas? Ahora en serio. No tengo en nada en contra del bueno de Jason pero es cierto que al largo de su carrera se le ha dado de fábula encarnar al hombre duro, de pocas palabras (excepto por los chascarrillos) que te rompe la espalda de una patada. Jason, calvo y fuerte, en todas sus apariciones siempre interpreta un mismo papel que encaja perfectamente dentro de los cánones de hombría y masculinidad heteronormativa. Eso no es malo, no me parece mal que existan papeles que requieran una interpretación de esos estereotipos y Statham tampoco tiene la culpa de encajar a la perfección en esos papeles. El problema es cuando solo se representa a personajes de este tipo en las películas.

    En Lisa the Painful esa heteronormatividad que representa Statham, desaparece. El hombre cisgenero y heterosexual solo se tiene a si mismo para el resto de sus días. Con el tiempo, la consecuencia directa de estos hechos es un aumento de la diversidad sexual, una ruptura del molde que representan los cánones heteronormativos más básicos. Sin embargo, el camino que ha llevado a esta sociedad es el Flash. Al no existir un aprendizaje natural de la sexualidad masculina y la posibilidad de ver ésta desde otros prismas, los instintos sexuales más básicos se hacen presa de la humanidad. Así pues, hombres desnudos, abuelos pedófilos o violaciones en masas a “presuntas mujeres” se convierten en algo habitual y plausible para la gente de Olathe.

    Y ahí está Brad Armstrong, calvo, fuerte y último bastión de la masculinidad. Él no es como los demás, lo sabemos. Existe una clara distinción entre él y sus compañeros. Vemos en Brad a ese individuo distante, de pocas palabras capaz de tumbarte de un plumazo. Brad representa eso, a Jason, al hombre que no llora, que esconde sus sentimientos detrás de la fachada inmutable que es su rostro. Su pasado le persigue y eso le compromete aún más. Ese pasado es el que consigue que como jugadores empaticemos de primeras con él, que queramos ayudarle a encontrar a Buddy. Las primeras horas de juego son un constante remolino emocional en el que sufrimos cada vez que fracasamos al no conseguir llegar a nuestra hija adoptiva – mención especial el momento en el que rescatamos a Fardy Hernandez en la fabrica de Joy-. Sin embargo, a medida que avanzamos y la aparición de Buddy coge protagonismo, a Brad se le ven las costuras. Buddy huye y Brad no acepta esa posibilidad, su carácter Statham cada vez se hace más fuerte y la vorágine de violencia, mayor. No hay debate posible, la única solución posible es ser nosotros mismos quienes cuidemos de ella.

    Y digo nosotros, porque pese a ser consciente de la toxicidad que desprende Brad en sus acciones, le quiero. Mientras jugaba, pese a sentirme cuestionado en todas las decisiones que me lanzaba el juego, pese a sentir las contradicciones que surgían en mi cada vez que Brad interactuaba con Buddy, yo, seguía queriendo ser Brad, quería que le salieran las cosas como a él deseaba, como yo las deseaba. No contemplaba otra posibilidad que no fuera la de Brad y Buddy, felices, y juntos de nuevo.

    Lisa the painful es un juegazo. Su historia, los personajes y sus diálogos o su humor negro – que por cierto, te deja con el culo torcido – completan una obra casi sublime. Pero si tengo que quedarme con algo, es con ese hombre calvo y fuerte que Austin Jorgensen ha creado para nosotros.
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