• Crítica y moral (Parte II)

    (Continuación)

    Por toda respuesta, canceló su disertación sobre historia de la cinematografía y, en su lugar, nos dió otra sobre historia de la censura. Habló sobre cómo acompañó al mismo medio desde su origen a finales del XIX, cómo en 1907 se aprobó la primera ley reguladora, y cómo, aunque luego no existiese, de hecho, una regulación censora como tal, la presión social, y algunos lobbys más visibles como la Women's Christian Temperance Union (WCTU) y la Motion Picture Producers and Distributors of America (MPPDA, posteriormente conocida como la MPAA) continuaron dicha labor reprobadora.

    Dichos lobbys (civiles, recordemos) elaboraron el Code to Maintain Social and Community Values in the Production of Silent, Synchronized and Talking Motion Pictures, el conocido luego simplemente como “Código Hays” o “Código de producción”.

    Según esa particular visión, amén de las habituales líneas restrictivas referentes a la violencia gráfica, el erotismo o la desnudez, una película sólo debía mostrar hechos moralmente reprobables si a su vez justificaba, en la misma obra, que eran, de hecho, moralmente reprobables.



    Es decir, si salía un villano y cometía un asesinato o un robo, por ejemplo, forzosamente debía recibir su castigo en la misma obra, o los personajes que eran referentes morales en la misma debían condenar, explícitamente y sin ambages, sus acciones. Debía quedar patente que la obra despreciaba la acción. Eso significa que la cinta debía ser moral. Era juzgada de ése modo. Si no, transmitiría a sus espectadores valores equivocados y provocaría crimen, delincuencia y comportamientos inmorales.

    Aunque tradicionalmente se asocie con la religión, no sólo los sectores religiosos apoyaban esto. Se veía como un compendio de ‘valores sociales’ y como tal, era promovido además de por conservadores, por progresistas, medios de comunicación y personas de toda ideología o credo. La mayor parte de la sociedad, realmente.

    Ése baremo, que no estaba respaldado por ninguna ley ni era de obligado cumplimiento, y tan sólo se basaba en la falta de sello o aprobación de una comisión ciudadana, estuvo vigente en Estados Unidos y lo acataron la mayor parte de las producciones cinematográficas del mundo durante décadas.

    La MPAA sigue existiendo a día de hoy -y teniendo suma importancia, recomiendo ver el documental This film is not yet rated al respecto- pero la base social, más que reguladora, de la censura quedó de manifiesto cuando lo que cambió fue la sociedad, no las entidades, a lo largo de la década de los 60. En 1969, a pesar de haber recibido la calificación X por parte de la MPAA, Cowboy de Medianoche ganaba tres Oscars. Era la historia de amistad entre un chapero y un timador tuberculoso.

    El mensaje de mi profesor fue claro: No se critican obras de arte desde el punto de vista moral. Eso no es más que un vestigio, propio de épocas más oscuras de la humanidad. Puede incluirse la valoración en la crítica, por supuesto, pero como críticos culturales jamás debemos juzgarlas por eso. Si no eres capaz de abstraerte y valorar la cinematografía de Leni Riefenstahl, (o de una obra de ficción) de forma independiente a tus creencias, está bien, pero entonces tal vez deberías formar parte de una comisión como la MPAA, no de la redacción de un medio cultural.

    El tema quedó zanjado. Yo estuve de acuerdo con él (creo que ya lo estaba antes) y a decir verdad siempre lo he creído, desde entonces, si bien es cierto que en aquel momento, era algo asumido, una verdad tan indiscutida como peregrina. Casi una perogrullada. Nunca hubiera imaginado que décadas más tarde, algo así se volviera a poner en tela de juicio. Aunque quizá sea justo, después de todo, en un medio como los videojuegos que, como el Cine antes, está, al fin y al cabo, en su amanecer. A nosotros corresponde decidir como será su Historia a partir de ahora.

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    9 Comentarios
    • justme, 15/03/2019
      @el_jugador_medio Completamente de acuerdo. Ése es, seguramente, el aspecto clave. En el sentido de que es el diferencial. Es lo que hace distinto el caso de los videojuegos, y lo que impide extraer conclusiones inmediatas desde el caso del cine que aquí describo, y además -por lo menos a mí- pontificar en términos demasiado absolutos sobre el tema. Por eso no pretendo (aunque tenga una opinión al respecto) convencer a nadie, sólo inducir a la reflexión. Que cada cual saque sus conclusiones.
      ¡Muchas gracias!
    • libertadpolitica, 16/03/2019
      Gracias. En un medio como este donde se censura y se insulta a personas ajenas a su ideas políticas radicales, una ventana de raciocinio.
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