• We live in a society.

    Hace poco que vi Koyaanisqatsi, una película formada a partir de pequeñas secuencias que, de un modo u otro, reflejan las sociedades modernistas, posmodernistas y su creación. Es un filme bastante experimental, del cual me llevo su atractiva imagen y su interpretabilidad. Hace unas semanas también comencé un mundo en Minecraft con dos amigos y, cómo no, terminé con la feed de Youtube llena de vídeos del juego (es lo que tiene no saber cómo van los encantamientos ni las pociones).

    Y ahí vino mi sorpresa: Minecraft me resultó algo más allá de esa libertad creativa que ofrece y siempre se opone como primer atractivo. En el fondo es un juego reflexivo; es un bonito reflejo de la soledad. Solo estáis tú y el mundo –en el fondo terrorífico—del juego. Y gran parte de lo que transmite lo hace gracias a su banda sonora, que perfectamente podría colar como un álbum completo de ambient, que incluso me recuerda, en esencia, a una de las grandes maravillas del género: The Plateaux of Mirror, de Brian Eno.

    Volviendo a lo de mi feed de Youtube. Encontré un vídeo sobre el servidor más antiguo de Minecraft (en el fondo no estoy seguro de si lo es, pero al menos lo decía en el título). Lo primero que ves al entrar es un paisaje completamente destruido, todo es cobblestone, no existe absolutamente nada más. Provocado por lo que parecen explosiones, una tras de otra; hasta el punto de poder ver bedrock, la última capa de material en el juego. Si caminas un poco empiezas a diferenciar unas altas construcciones, salidas de una fantasía casi terrorífica. Y no puedes saber si esas torres están habitadas por un jugador afianzado en el servidor o son simplemente un fantasma de eso mismo. De ahí vino una sensación de pequeñez enorme; como jugador y por consiguiente habitante del mismo mundo no puedes saber qué hay ahí. Morirías de hambre antes de llegar hasta ahí arriba y romper las paredes de obsidiana, que además plasman la de horas que ha tenido que echar alguien. Sí, el mayor problema del server, antes que quienes te pueden matar, es el hambre; no quedan animales, manzanas ni semillas. Aunque si sigues avanzando aún más (mucho más) el paisaje comienza a cambiar, y así empiezan a aparecer poco a poco los primeros cubos de tierra o madera. Hasta que, por fin, se ve un huerto de trigo, donde un cartel dice que, mientras vuelvas a plantar las semillas, es todo tuyo. Además de que el huerto nació de una sola semilla. Y no creo que necesite decir qué quiere decir todo esto. Sí, Minecraft es un reflejo de la sociedad.

    Minecraft, a partir de su libertad, da lugar a lo que uno quiera. Jugando solo o con poca gente el impacto en el paisaje es mínimo para el prácticamente infinito mapa del juego. La inmensidad del mundo te consuela a la vez que te impresiona. Sin embargo, cuando hay mucha gente, se convierte en una escala social y económica, que a su paso destruye su composición, generando de ella un mundo completamente distinto al original. A su vez, habiendo excepciones si escapas de ese nuevo mundo, como en la comuna de trigo.
    El tema a tratar es el mismo que en Koyaanisqatsi, con la diferencia de que la película está grabada, está cerrada y decidida. Minecraft está en continuo movimiento, en creación y destrucción. Adaptándose a la lectura del medio como sociedad. Aunque todo esto no deja de ser una paja mental bastante pretenciosa.
    5
    • landman, 12/10/2018
      Joder, qué cierto, a mi me salió la vena dictatorial, y ecoterrorista, pq tb he visto servers como el que describes, jugando con colegas en un server que nos montamos (eramos unos 10 máximo), tanto que desde entonces todos lo llamamos Mein Craft xD
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