• Mis GOTY 2017 - ORO - Zelda: BOTW

    Ya acabo de dar la turra con el que pienso que es el mejor videojuego de 2017:

    The Legend of Zelda: Breath of the Wild

    Leer a diario cosas de videojuegos mata mi ansiedad por hablar de ellos. Hace nada volvía a ver absorto el vídeo de Rafa de las Cuevas (Scanliner) sobre lo valiente de la propuesta de Nintendo para dos de sus más ilustres sagas, echando un vistazo a muchas de las cosas que hacen grande a este juego. No sé qué más puede decirse de un videojuego del que se ha dicho hasta demasiado: Zelda: BOTW es una micro-leyenda por sí mismo, aunando a la crítica y al público de todo el mundo y arrancando aplausos que aún se oyen y que, con suerte, seguiremos oyendo mucho más tiempo. Breath of the Wild viene a romper todos los esquemas y a su vez a sentar las bases de los videojuegos de mundo abierto, descartando y deformando ideas de otros habiendo licuado previamente conceptos pulidos hasta lo enfermizo.

    Mis primeras horas en Zelda: Breath of the Wild fueron injustas.
    Lo empecé seis meses después de su lanzamiento habiendo leído y visto contenido del propio hasta hartarme. No me sorprendieron los primeros santuarios, tampoco me iluminó la mirada la Piedra Sheikah. Ya sabía que tendría que adaptarme a la temperatura con diversos outfits, que podías cocinar con más o menos acierto, domar caballos... Cuando llegó la hora, fui con los corazones necesarios a por la Espada Maestra por que ya había visto como conseguirla. Al salir de la meseta con mi flamante paravela me disponía a comerme la insulsa trama: Que si soy el elegido, que he de cargarme a Ganon. Traedme esas bestias divinas, pan comido, vamos por faena que hay mucho que jugar.

    Habían pasado veinte horas y no había conocido a nadie, acabé los ciento veinte santuarios antes de la tercera bestia divina. El juego me había hipnotizado a pesar de que mi preparación previa, como comentaba al principio, debería haber reducido la ansiedad por jugar. Me acostaba tarde viéndome reflejado en el primer anuncio de Nintendo Switch: Un hombre de cerca de treinta años jugando de madrugada, embelesado y haciendo poco más que cabalgar a lomos de un caballo por la llanura. El café doble que engullía por la mañana me ayudaría a trabajar, pero no antes de echar un rato más en Hyrule, dando un paseo , buscando grillos o queriendo, sin saber por qué, llegar a lo más alto de una cordillera rocosa que estaba muy lejos de mi zona de confort.
    Estiré las horas jugando hasta que, después de vencer a Ganon y de salvar a todo ser viviente de esta post-apocalíptica y bellísima Hyrule, me abordó una reflexión:
    The Legend of Zelda: Breath of the Wild me había reconciliado con los videojuegos.
    Todo él me arrancaba una sonrisa y me veía contándole a mi pareja esto o lo otro del Zelda, interrumpiendo otra actividad por que se me había desatascado un santuario en el que llevaba toda la mañana pensando, y sobretodo, disfrutando de algo que no dejó de sorprenderme a pesar de que el cinismo me hizo pensar que eso jamás pasaría.

    Me he pasado media infancia y una buena parte de la adolescencia pegado a un puto televisor, jugando desde que tengo recuerdo, rellenando los huecos que el hardware y los malos guiones no han podido llenar y disfrutando las cosas, a veces, por el mero hecho de ser niño. Yo era, como Pep Sánchez, un diestro dibujante de Sonic's en los libros de primaria. Me pasé años con una Game Boy en el bolsillo a pesar de no sacarla en público porque así tenía conmigo a mis Pokémon. Zelda: BOTW te hace sentir inteligente cuando te da medios para resolver un problema pero encuentras una manera alternativa de hacerlo. Te recuerda que eres el elegido pero te hace adaptarte a todas las circunstancias. Te distrae constantemente pero nunca te hace sentirte culpable por ello.

    Al igual que Shadow of the Colossus partió en dos mi concepción de los videojuegos al empezar mi adolescencia, Zelda: BOTW me recuerda, con mis botas de trabajo y mi uniforme lleno de grasa, que los videojuegos siguen vivos para hacernos sonreír una vez más.
    8
    • nothingmatters, 05/01/2018
      Excelente análisis del juego, muy de acuerdo en todo. Sobre todo en esto.

      "Todo él me arrancaba una sonrisa y me veía contándole a mi pareja esto o lo otro del Zelda... "

      Me pasa a diario, y ella me mira con cara de WTF.
    • molinaro, 05/01/2018
      @nothingmatters Gracias por leerlo y comentar!!. Haciendo el top del año por aquí me he dado cuenta de que, después de bastante tiempo, me he ilusionado por los putos juegos. Y lo mismo con mucha peña a la que leo que está igual con NiER, Horizon, Hollow Knight, Persona... Creo que a los que nos criamos con juegos y ya tenemos vidas "de adulto" nos hace falta de vez en cuando pasar por fases así para no dejar de jugar pa'siempre y perder esa ilusión.
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