• El fin (I)

    Empiezo a correr. Corro como nunca en mi vida he corrido. Corro tan rápido que todo lo que hay a mi alrededor tiembla. No soy capaz de escuchar nada, solo oigo el estruendo que hacen mis pisadas. Olvido porque estoy corriendo, pero sé que no puedo parar. Me parezco al autobús de la película Speed, si paro me muero. Por esa razón sigo corriendo. Pero no, corro para huir de mí mismo, intento dejarme atrás pero no puedo. Necesito correr más rápido, conseguir dejar atrás toda mi vida. Empiezo a volverme más joven, lo estoy consiguiendo. Veo mi vida en las cornisas de los edi cios. Veo mis recuerdos y acciones más penosas. Sigo corriendo para dejarlas atrás. Al nal del todo no hay edi cios, ya no habrá más recuerdos. Corro más deprisa, quiero llegar ya. Al llegar me quedo en blanco, me siento en paz. Me tomo un respiro en mirar en rededor. Nunca he sentido tanta tranquilidad. Intento moverme, pero me doy cuenta que no estoy de pie. Me encuentro a gatas, soy un bebe. Entonces noto el calor que se sentía al estar en el vientre de mi madre. Indefenso pero protegido. Un golpe en el culo me hace volver en mí. La vida que deje atrás me esta alcanzado. No puedo huir, estoy fatigado, mareado, confuso y resignado. Vuelvo a rememorar cada paso que di, cada palabra que dije, cada acción que hice.

    Me duele tanto la cabeza que me va a estallar, quizás sería mejor si así fuese, pero no sucede. Entonces vuelvo en mí, me encuentro tirado en el suelo llorando. El suelo debajo de mí se abre y veo oscuridad. Lloro tanto que mis lágrimas llenan el agujero. La grieta se abre más y me hundo en mis propias penas. Intento buscar una salida, pero no la hay, la entrada se ha cerrado. No puedo respirar. Por un momento me pongo nervioso, pero lo acepto. Voy a morir y de esa manera todo terminara. Nada podrá hacerme daño otra vez, porque no volveré a sentir. Pero entonces tengo miedo. Encuentro una pared y la golpeo. Golpeo tan fuerte que mi mano empieza a deshacerse. Continuo con la otra y está también se desaparece. Decido usar la cabeza. Abro una grieta y una mano me coge y me saca. Utilizo mi última gota de fuerza para mirar quien es y me veo a mí mismo.

    Despierto y estoy hecho mierda. Mis manos y mi cabeza están en su sitio. Todo ha sido una pesadilla. No, era una premonición. Mi cabeza me está advirtiendo que tengo que continuar, que la vida sigue. Por una vez en mi vida hago caso a mi cabeza, se lo merece.
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