• El día (II)

    Las sombras van recorriendo el local. Algunas pasan rápidamente, otras se paran. Como peleles las observamos. Ante nuestros ojos el reflejo de una realidad. Encadenados sin poder movernos. La mirada fija a la pared, el único resquicio de cordura que nos queda. La forma de las sombras podría ser cualquier cosa, pero quien puede saberlo, nunca hemos visto nada distinto. Yo creo que son como nosotros. Aunque como pueden serlo y no estar encadenadas. Pese a ir solas siempre se agrupan. Pero no para siempre, al cabo de un tiempo se vuelven a separar. Mientras están juntas no paran de agitarse, parecen divertirse. Pero que es la diversión. Yo solo conozco aquello que me proyectan. Intento agitarme como ellos, pero no me hace feliz. Quizás haya algo más.

    Sueño con sombras. Mi imaginación no va más allá. Pero un día lo cambia todo. Un día sueño que me libero, que me puedo levantar y mirar hacia atrás. Pero me despierto. Agitado. Sudoroso. Aterrado. Sé que lo que hay detrás de mí no es más real que lo que veo reflejado. Durante un tiempo sigo observando. Pero ahora se algo que desconocía y lo evito a toda costa. Sé que las cadenas jamás han estado atadas, pero como necios nos creemos las leyes que nos implantan. Miro a mis lados. Me levanto. Me doy la vuelta. Ando. Me libero.

    La idea de libertad invade mi cuerpo. Noto que tengo el control, pero rápidamente vuelvo a tener miedo. Ahora lo veo todo con claridad. Veo las figuras que arrojaban sombras a la pared. Eran personas como yo, pero no parecen felices. Pese a que muchos intenten disimularlo, todos lloran por dentro. A todos les atemoriza la verdad. Pese a ser libres siguen encadenados. Prisioneros de en sus propias mentiras. Ven su sombra adulterada para ser lo que ellos quieran.

    Vuelvo a tener grilletes, pero ahora tengo ante mí la realidad. Una realidad que detesto. No me veo en flujo con ella. Intento nadar a contra corriente, pero esta es demasiado fuerte. Cuando está a punto de engullirme una canción invade mi corazón. Las cuerdas vocales juegan con el aire para producir una melodía que interpreta unos labios rojos con mucha dulzura. Me hacen percibir una realidad en la que deseo estar. Una que puedo alcanzar con esfuerzo. Una que no quiero dejar escapar. Una en la que quiero vivir.

    Nos juntamos todos en una mesa. Una luz da contra nosotros. Veo nuestras sombras proyectadas en la pared. Los prisioneros supondrán sus propias realidades. Al agitarnos podrán pensar que nos divertimos. Y es así, o al menos yo. Porque he visto la realidad o al menos la que yo deseo. Y la voy a alcanzar.
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