• Dos días de desvarios (IV)

    Soy un héroe. De pequeño jugaba que era un héroe. Volaba por donde quería. Me gustaba ayudar a los demás. A mi amigo siempre le gustaba ser el villano. El tío lo clavaba. No le era difícil ya que era un puto gilipollas. Lo he visto un par de veces últimamente y está acabado. Dice que es panadero. Pero yo sé que él lo único que usa es la harina cortada. Yo volaba por el mundo vigilando la tierra. Me sentía superior, pero a la vez pequeño. Me metía tanto en el personaje que me daba hasta miedo. Si me enfadaba podría matarlos a todos sin inmutarme. Un día tuve una pesadilla de la ostia. Mi némesis atacaba la ciudad. Nos reunimos los mejores héroes. Uno se me acercaba y me decía que era imposible sobrevivir a la bestia. Era una misión suicida. Era o la tierra o nosotros. Era un héroe, no dude, pero aun así me daba pena no ver el mañana.

    Hoy me cuesta dormir. El otro día escuche que cada noche morías y al día siguiente nacía un nuevo tú. Llevo una semana casi sin pegar ojo. Siento un vacío solo al pensar en el mañana. Siento miedo de no volver a despertar, pero si así fuera, yo también sería una copia de mi yo de ayer. Quedan horas para la fiesta. Si mi futuro yo es un capullo habrá sido en balde lo que he conseguido. Mientras pienso en todo esto me quedo dormido.

    Sueño que caigo. Caigo durante días, quizás semanas o tal vez años. Al principio grito pidiendo auxilio, pero me quedo sin voz. Tal vez hayan sido 5 horas gritando sin parar. Durante 3 horas intentado planear o volar sin tener éxito. Estoy tan cansando que pruebo a dormirme. Como no lo consigo me masturbo para que me entre sueño. Creo que ha sido mi mayor error. Solo hay un metro de separación entro el semen y yo. Noto que se acerca cada vez más a mí, pero quizás es mi imaginación. Pasan muchas horas y seguimos igual. El semen y yo cayendo continuamente en el vacío. Quizás sea muy brusco llamarlo semen, son millones de copias de mí en miniatura. Pasado el tiempo llego a una conclusión. Y si no estoy soñando y he muerto. Y si es cierto que cada día morimos y este es mi sino.

    Después de horas llorando recuerdo que yo de pequeño era un héroe. Que hará Superman para volar. Quizás apreté los ojos o intenta estirar los brazos o tal vez haga fuerza con el culo. Noto algo en mi espalda. Es una capa. Llevo el traje de Superman. Tal vez pueda salir de aquí. Tal vez no sea un sueña. Tal vez sea capaz de que no nazca otro yo necio que la cague delante de Liora. Empiezo a volar hacia arriba, pero al poco algo me agarra el pie. Mi semen se ha transformado en mi némesis.

    − No puedes irte de aquí, te necesito. Sin ti estoy incompleto.

    Lo fundo con la mirada, pero el cabrón resiste. Me vuelve a lanzar al vacío. Intenta golpearme, y yo le esquivo. Soy demasiado lento, me da una patada en el abdomen. Noto algo duro en la nuca. Lo siguiente que ocurre no sabría cómo describirlo, pero noto como si una apisonadora hubiese pasado por encima mía.

    − Te quedaras aquí eternamente conmigo, nunca podrás salir y mañana, tu otro yo, echará por tierra lo que has conseguido estos días.

    Eso jamás. Me lanzo gritando algo ininteligible. Lo dejo sordo. Intenta golpearme sin éxito, se la devuelvo multiplicada por cien. Puedo ver sus movimientos antes de que los haga. Solo tengo que pensar que haría yo si fuese él. Porque él es una parte de mí. Tras quince minutos solo queda polvo. Tantos puñetazos me han fatigado, aun así, tengo que salir.

    Me despierto. Me duele todo el cuerpo, a saber, que habré soñado. Lo único que importa ahora es que quedan horas para la cena.
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