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    Historia de una amistad (VII y fin)

    Los rompeojales del astillero

    Crecieron y se criaron los cuatro en un barrio de clase media en la ciudad portuaria más grande del norte de Polonia. Como buenos hijos de los ochenta, tuvieron la desgracia y suerte de crecer en la época más loca de la historia reciente polaca: los últimos coletazos del comunismo soviético. Además de mucha imaginación a la hora de fabricar vodka casero, en los ochenta y noventa, los polacos vivieron una extrañísima explosión tecnológica en la que era imposible conseguir consolas (o televisores), pero por otro lado computadoras (spectrum, amigas y demás) eran cosa bastante común. Esa locura fue el caldo de cultivo previo a la explosión actual, y la raíz de dónde salen todos los Witchers, Dead Islands, Call of Juarez y Chmielarz de hoy en día, con una potente industria muy atractiva para inversores que está dando perlitas de forma casi constante.

    Diosito, Gruber, Pox y El Tumba crecieron y vivieron la adolescencia justo en el medio de ese auge de juegos, cassettes y ganas de más. Las décadas no hicieron mella en su amistad, y lo que fue un grupo de amiguetes prepúberes se convirtió en lo que es hoy en día un clan que fue perdurando y pasando de juego en juego (desde WoW hasta Boom Beach y más recientemente Clash Royale). Los rompeojales del astillero, así se hacen llamar. Autoproclamados hardcore gamers (que curiosamente juegan más que nada a mierdas F2P en móviles), decidieron perseguir sus sueños y trabajar en la industria del videojuego.

    O eso dicen.

    El Tumba… sinceramente nunca supe bien de qué mierda vive: casi seis meses del año que lo conocí estuvo sin trabajo, y de ese tiempo se pasó 3 meses tirado en el sofá del curro jugando a la play. Consiguió llegar a los niveles doraditos en el rocket league, mientras “buscaba trabajo”. Creo que hace alguna mierda de ventas, pero sinceramente, si me la trajera más floja, me pisaría la polla.

    Diosito se convirtió en programador de algún tipo pero decidió que hacer juegos era demasiado difícil para él, así que se quedó como técnico de hardware en una empresa de “juegos” educativos. Al final se terminó yendo a vivir a dubai por una millonada, como programador de sistemas empotrados.

    Pero Gruber y Pox no quisieron renunciar a su sueño, y decidieron convertirse en informáticos de verdad: terminaron la carrera y buscaron trabajo como programadores. Ambos lo consiguieron y se aventuraron en la increíble y loca vida de putos “java developers”. Pasaron de empresa en empresa hasta que Gruber terminó llegando alto en una empresa de outsourcing (de esas en la que los programadores son mercenarios-putita, rotando de cliente a cliente, de proyecto en proyecto). Con mucho empeño creó un grupito de amiguetes con los que empezó a trabajar en proyectos propios para otros clientes fuera de su empresa, y hace un par de años decidió cambiar de rumbo y centrarse en lenguajes poco conocidos de carácter funcional. Lo que a mí, como programador, me parece una mierda, pero a los clientes de grandes multinacionales y bancos les atrae muchísimo. Terminó montando su propia empresa de outsourcing y se forró.

    Pox deambuló como perro sin dueño hasta que al final su gran amigo Gruber lo rescató y lo puso a trabajar en su empresa, programando drivers para televisores. En Java.

    Pero su objetivo era otro: querían hacer juegos. No tenían ni la más puta idea de cómo hacerlo, pero después de haber jugado tantos años al WoW, mierdas móviles y muchos AAA en la play les hizo pensar que quizás no sería tan difícil. Después de todo, programar ya sabían, ¿no?

    Durante más de un año trabajaron en un prototipo que sería una especie raruna de RPG a la Ingress (lo que más o menos sería hoy en día una versión de fantasía oscura del Pokemon GO). Por cuestiones de la vida, terminé entrando en su empresa para dirigir y terminar ese proyecto, pero la mala leche de Pox y la inmadurez de Gruber terminaron matando el proyecto.

    Una vez muerto y enterrado, comenzamos a trabajar en el siguiente juego: algo menos ambicioso, más sólido, una especie de MOBA salvaje para móviles. Otro proyecto que también se fue al cementerio.

    Y entre las presiones de Santa Bú y los tocamientos de cojones (metafóricos y literales) de la Viuda Negra, Pox y yo terminamos montando nuestra propia startup con el auspicio de Gruber.

    Con el paso del tiempo, las tensiones entre Pox y yo crecieron: él mostró su cara de Amateur, y Gruber dejó de esconder que fue todo ese tiempo un puto Capitán Desastre: infidelidades, despidos, traiciones...

    Pero la amistad de los rompeojales del astillero sigue intacta, y quizás algún día cumplirán su sueño, de poder hacer videojuegos como les salga del rabo y vivir de ello.

    En eso, les deseo muy buena suerte.

    En todo lo demás....
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    10 Comentarios
    • , 20/07/2016
      @starborsch hay, pero es difícil hacer historias con interés sobre ellos. Intenté escribir un par (hamster, el calendario, no me acuerdo qué otro) y como que no despierta interés. También es más fácil sacar el vinagre que la luz, sobre todo cuando es gente que no se conoce de nada y le da a todos igual ;)
    • mota, 31/07/2016
      Joder Yayo, después de leer todas las entradas, mas que jardín, parece un estercolero humano.
      Suerte en el futuro! Espero ya tengas un curro con humanos mas normales y desacomplejados. ;)
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