Nadie puede saber el límite de sus fuerzas hasta que las pone a prueba
Goethe
Lo sé, el debate de la innovación está muy trillado pero creo que debo hacer un alto aquí y reflexionar.
Soy de los que piensa que todo en este mundo tiene un límite. A veces, el límite lo ponemos nosotros; pero en ocasiones el límite es inherente a la condición de algo o alguien.
Durante algunos años se ha hablado mucho acerca del límite de innovación al que están expuestos (o sometidos) los videojuegos. De si los creadores han llegado a una meta en torno a los videojuegos, su forma de entenderlos y crearlos. Normalmente, el debate se redirige por si solo al aspecto de los gráficos, de la potencia gráfica. Es en este momento cuando el debate se desorienta y pierde mucho sentido. Para mí, los gráficos son solo uno de los aspectos que engloban una producción y no representan, ni de lejos, lo más importante para un videojuego.
Sí, por supuesto; a todos nos encanta ver una cierta calidad gráfica que nos haga temblar en el asiento de nuestras casitas (sobre todo si juegas con un ratón y teclado), pero no creo que sea la meta. Un ejemplo bien claro es “Journey”. Se trata de un juego cuyo apartado gráfico no destaca demasiado pero que se ve apoyado y sobrepasado por su apartado artístico. Ese arte dentro del juego lo dota de una verosimilitud y una fuerza que no podría conseguirse simplemente con músculo gráfico. Aquí cabria hablar de la creatividad de la gente que hay detrás. Creatividad que, en ocasiones, es más fuerte que el apartado gráfico. Pensemos en “Portal 2”. Juego con un motor gráfico desfasadísimo, pero con un encanto como pocas veces se ha podido ver.
De modo que el
quid de la cuestión no se halla en el apartado gráfico ya que, como digo, es otro pilar que sustenta una producción.
También se ha hablado mucho de la conectividad y las nuevas tecnologías. Unos defienden un modelo digital. Tradicionales como yo defienden el físico y en medio de todo se encuentran empresas que apuestan por dar un paso más. Estas empresas como “VALVe”, “OnLive” o “Gaikai” quieren dar un paso adelante en esta industria.
La conectividad es otro gran desafío por parte de estudios y desarrolladores. Uno no puede sentir más que sorpresa y curiosidad al ver un juego como “Destiny” o leer cosas sobre lo que ofrecerá. Pero creo firmemente que esta sigue sin ser la meta hacia la innovación. Entiendo que complementos como los que ofrecerá “Playstation 4” son atractivos pero no innovadores ya que solo es, como ya he dicho, un complemento.
¿Son los géneros otro reducto para la creatividad? Posiblemente este sea el lugar donde menos se innova ya que, si analizamos los juegos y nos fijamos bien de cerca, los géneros siguen siendo los mismos desde hace diez, quince e incluso veinte años. Gracias a un fontanero que esquivaba tortugas con alas se han articulado la mayoría de juegos de plataformas. Al igual con la gran mayoría de juegos, son una evolución (acertada o no) del pionero. Si nos paramos a pensar, esto ocurre en todas las industrias de todos los productos y sectores. Es pura economía (monetaria e intelectual).
De modo que, ¿Dónde está la innovación? ¿Queda algo por inventar en esto de los videojuegos? Creo firmemente que la nueva meta esta puesta en la nueva generación que está por venir. Pero no me refiero a la generación “videojueguil”, me refiero a la generación humana. Pienso que es la gente de veinte, veinte pocos años. La gente que ha “mamado” esto de los videojuegos desde pequeño. Persona que se plantean ahora dedicarse a esto. Las ideas de esas personas puede que en un futuro valgan más que cualquier franquicia existente hoy en día. Somos nosotros los que ponemos nuestros propios límites.