• Diario de a bordo (XXVIII)

    Ya hace más de dos semanas que cruzamos los mares en busca de fortuna, aventuras y libertad. Lejos quedan esos jovenes piratas que chocaban con la costa cada vez que intentaban atracar, o que huían al menor atisbo de un barco en el horizonte.

    Nuestra pequeña tripulación la componen el Capitán Mogoblin, buen timonel, habil artillero y experto oteador de naufragios, y yo mismo, el Capitán Vallejo, cartografo, carpintero, vigía, y timonel de batalla. (Sí, somos capitanes los dos, somos una coperativa pirata).

    Al ser dos, causamos estragos por los mares con nuestro pequeño pero versatil balandro, La Gallineta. Ayer por la noche teníamos hambre de aventuras, así que llenamos de recursos la nave, aceptamos un encargo de la sociedad de almas y partímos en busca de craneos.

    Nuestra estrategia para realizar dichos encargos es sencilla. Atracamos la nave con el estribor o babor de la nave mirando a la playa donde se encuentran los esqueletos, yo voy nadando hasta la costa donde voy juntando a los esqueletos, y Mogoblin los despacha con unas pocas balas de cañón. No obstante, al poco de llegar yo a la costa, apareció un navío de una sola vela. Mogoblin elevó el ancla y se marchó, pues nuestro barco se encontraba en una posición poco ventajosa, quedandome yo solo en la isla viendo como se acercaba el otro barco.

    Puesto que no podía subir a mi nave, y el maldito sireno tardaba en aparecer, decidí esconderme en el agua y subir sigilosamente a la nueva embarcación. La sangre se agolpaba en mis sienes, preguntandome que me encontraría arriba. Al subir el último peldaño, me encontré a un tripulante quieto en el timón que despache rapidamente de un disparo de trabuco. No vi a nadie más, así que descendí a la bodega que estaba repleta de cofres, entre ellos un valiosisimo Cofre de Capitán. No cabía en mi del gozo. Pero ahora debía hundir la nave para poder robar con tranquilidad todos esos tesoros.

    Subí a cubierta, quité el ancla, y saque las velas para estrellar la nave contra las rocas de un acantilado. Pero al poco apareció otro marino que me hecho al agua de un espadazo. Mi estrategia de hundir la nave había fallado, pero no ibamos a dejar pasar la oportunidad de poner las manos sobre su carga.

    El sireno por fin apareció, y me subí al barco con Mogoblin. Ya en nuestro barco, nos miramos con una sonrisa de complicidad. Empezaba la caza.

    Izamos la vela, las trimamos y nos dirigimos hacia nuestro objetivo con buen viento de popa. El otro barco, no sabemos si por un exceso de confianza o de ingenuidad, decidió aceptar el duelo, aunque tuvieran la bodega llena de tesoros. Tuvimos varios encontronazos, aunque al estar la mar rizada, era muy dificil disparar el cañón sin dar a alguna ola o pasar la bala por encima del objetivo. La estrategia del otro navio pareció entonces virar hacia usar su nave como ariete para chocarse con nosotros una y otra vez. Nosotros, teniendo mucho menos que perder aceptamos con gusto.

    Tras unas cuantas acometidas, y viajes rapidos a la bodega a clavar tablones y achicar agua, Mogoblin consiguió infiltrarse en la bodega tras un choque. Cogió el cofre de capitán y saltó por la borda. Intenté buscarlo con nuestro navio en las negras aguas, pero un tiburón acabo deborando al pobre Mogoblin. Arrié las velas, y puse el timon todo a bavor. Ibamos a quedarnos quietos en el mismo sitio dando vueltas hasta que encontrasemos ese cofre en las aguas.

    Al poco volvió Mogoblin del navío de los condenados y empezamos a otear las aguas. Mientras reparabamos los destrozos que nos iban haciendo el otro barco, rabiosos por la perdida del cofre. Al fin, conseguimos localizar el cofre en las aguas y nos dirigimos raudos a su encuentro. Soltamos el ancla y Mogoblin saltó al agua. Izé rapidamente las velas y las trimé para poder huir rapidamente con el botín una vez volviera con el cofre.

    Agarre el ancla, y empecé a subirla, hasta dejarla justo a un clic. En esa posición no podía mirar hacia atrás pero sabía perfectamente que el otro navió se acercaba por detrás. Los segundos se hicieron eternos mientras sentía el otro barco en el cogote. De golpe escuche a Mogoblin gritar: "¡¡¡Ahora!!!". Subí el ancla, y vi el otro barco justo detrás nuestro. A penas me dio tiempo a virar a estribor y ver como su proa rozaba con nuestra popa.

    Habiamos conseguido robarles el cofre en sus narices, y huir victoriosos hasta el puesto de avanzada más cercano donde lo vendimos por una cuantiosa suma. La vida pirata es así, a veces consigues robar un preciado tesoro en las narices de sus "legitimos" propietarios y otras te hunden el barco con tu propio barril de polvora con la bodega llena.

    ¿Qué que paso con la otra tripulación? Pues es curioso, nos lo volvimos a encontrar más tarde, pero esa, es otra historia...
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    • mopi, 17/04/2018
      ¡Grandes aventuras Capitán Vallejo!
    • kiovich, 25/04/2018
      Muy buena narración, jugué con unos amigos los 14 días de prueba y es brutal la base de Sea of Thieves, lastima que apenas tenga contenido.
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