• The Shadow Remains Cast

    Ahora que se ha vuelto a abrir la veda para hablar de Bayonetta, me parece buen momento para dejar aquí una idea que lleva rondándome desde que retomé el juego hace un par de semanas. Creo que, más allá del resto de sus méritos como juego, Bayonetta es especial porque es memorable. Me explico:

    Aunque es cierto que a nadie le amarga un tiempo bruja y que Bayonetta está donde está por un diseño y unas mecánicas brillantes, creo que su valor no tiene tanto que ver con el juego en sí como con cómo consumimos este tipo de entretenimiento.

    La industria™ nos guía - o nos empuja, o nos arrastra por el lodo, según el juego - hacia una forma muy concreta de consumo, desde el modelo de “pagar por seguir jugando” de las recreativas al uso exhaustivo y continuado de los “juegos como servicio”, pasando por los ciclos cortísimos de hype y olvido de la pasada generación.

    Ninguno de estos patrones termina de ajustarse sin fricción a las formas de consumo de una porción cada vez más grande de los jugadores, esos que trabajan entre 8 y 10 horas al día y en muchas ocasiones tienen también una familia a la que atender. Esto sólo puede traducirse en hábitos muy erráticos: a falta del tiempo y la energía de antaño, jugamos a sorbitos, probando de aquí y de allá en partidas breves; y volvemos, a veces meses después, a los títulos que dejaron marca.

    Todo esto viene a que hay muy pocos juegos que se adapten a este tipo de consumo. Lo común al volver a un juego después de cierto tiempo es esa sensación de desorientación, de no tener muy claro dónde quedó la historia o cuál era el siguiente objetivo. A veces uno se ve tan oxidado en las mecánicas más básicas que se plantea empezar de nuevo desde el tutorial y, siendo honestos, eso reduce aún más las posibilidades de terminar el juego algún día.

    Bayonetta es de los pocos títulos que sobrevive sin ningún problema a esta “vuelta al cole”, y además lo hace con estilo. Cuando entras a Bayonetta después de semanas fuera (y tal vez después de un par de palizas humillantes), empiezas a caer en una cadencia, en un ritmo. Algo hace click y encadenas más golpes y más esquivas, ves subir el contador de combo a pesar de no tener muy claro qué estás haciendo. En apenas media hora puedes volver a sacar platino en los versos más sencillos. Después de dos o tres, vuelves a ser ese torbellino de pelo y balas que recuerdas de tus mejores partidas.

    Cómo el juego llega a crear esta familiaridad es algo que se me escapa. No creo que tenga tanto que ver con su personalidad, y menos con su historia, como con una amalgama de sistemas de combate, animaciones y feedback visual y auditivo que se registra a un nivel prácticamente inconsciente. El jugador traduce esto en esa especie de memoria muscular que va más allá de “estudiarse los combos” y que se almacena en un lugar distinto a la historia, los personajes, las misiones secundarias y los objetivos.

    Decir a estas alturas de la película que hace falta más Bayonetta puede parecer una perogrullada, pero creo que sí merece la pena reivindicar más juegos como Bayonetta, suficientemente únicos como para dejar marca, compatibles con hábitos de consumo que se alejan en mayor o menor medida de los estándares de la industria. Rivindicar, en definitiva, más juegos memorables.
    10
    • lolskiller, 14/03/2018
      Y ese momento que aparece un enemigo nuevo, se abre el libro con su nombre, y por dentro vas pensando: la que te va a caer ahora va a ser pequeña chato. xd
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