• Machinegames a pijo sacao

    Parecía casi una broma cuando fue anunciado con un maravilloso tráiler en la pasada conferencia del E3 de Bethesda, una que quedó en la mente de todos como un mal (malísimo) ejemplo de espectáculo, muestra de showbusiness o como quieran llamarlo, pero el dato quedaba ahí: el bueno de B.J. “Blasco” volvería con más marcha y más cartuchos que nunca para cocinar la receta de salsa de cadáver nazi como no había conocido videojuego hasta la fecha (jódete COD) y usarla de mortero en la construcción de un nuevo coloso; a día de hoy puedo decir que no es un subtítulo para nada pretencioso.

    Hablar de Wolfenstein 2 a nivel puramente jugable es como hacerlo de lo que cualquiera en este y en otros mundos sintió al descubrir para qué servía el aparato genital aparte de para expulsar orina: es fácil, divertido y nunca se cansa uno de darle un rato al “molinillo”… delicioso. No ahorraré en disculpas por semejante símil ¡pero es que es la puta verdad!

    Machinegames se han desmelenado en el sentido más amplio del concepto, nada escapa a su locura, nada salvo su buen hacer, ahí es a donde quería llegar. ¿Qué pasa cuando un juego es perfecto en su género?, ¿Qué problema hay? La respuesta es obvia (ninguno)… y lo siento, hablar a sabiendas de que no puedo decir gran cosa porque éste juego encierra mucho más de lo que se le presupone, demasiadas son las sorpresas que quiero y deseo que descubráis por vosotros mismos, es como trabajar en Génova 13 y ser del natural honrado, pero voy a intentarlo unas líneas más a ver si cuela.

    W2 juega su as otra vez en forma de sinfonía de caos y destrucción a ritmo de escopeta y explosión. Cada centímetro ganado es un cargador escupido con gloriosa alegría, pero de vez en cuando aparece esa vista chocante, ese diálogo cachondo, esa trama urdida entre incontables botellas de cerveza un “finde” de baretos que lo hace extrañamente único cuando percibes que la exquisita sustancia presente en cada uno de sus detalles sólo puede describirse como amor sincero.

    Si en 2016 Doom se reinventó y adaptó al nuevo siglo a nivel narrativo y jugable para poder seguir siendo “el Doom del 93”, Wolfenstein 2 coge lo imprescindible con la clara convicción de quien hace suyo el camino a seguir. Un clásico instantáneo que le reía las gracias a su pasado mientras trabajaba en secreto en un sueño, uno del que no querréis despertar. Me voy tranquilo sabiendo que aún me quedan unas horas de aventura y alguna que otra sorpresa gracias a estos locos secuaces del mal conocidos por el nombre de Machinegames. Todos mis respetos.
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