• Aquella gran estrella

    Miro el reloj y veo que aún es temprano. El viento gélido que sopla me hace resguardarme en mi vieja gabardina. Busco el calor del sol, pero una tormenta trunca mi objetivo. Las gotas de agua humedecen mi último cigarro que mato en dos caladas. Mi cuerpo me incita a cubrirme de la lluvia, sin embargo, no puedo moverme de aquí, aún no. Mentalmente repaso estos últimos años y recuerdo todos aquellos momentos en los que me hiciste sonreír, reír y llorar. Recuerdo las noches ociosas como conseguías llenarlas con tu sabiduría y como tus intervenciones en las charlas coloquiales hacían que estas brillaran. No puedo evitar derramar unas lágrimas pensando que ya nunca volverás a estar aquí. La lagrima dibuja un camino perfecto por mi rostro hasta dejarse caer al vacío. En ella te veo a ti, a diferencia de la lluvia tu eres especial, pero tu caída es inminente y no puedo hacer nada parar pararlo. En el momento que toca el suelo noto un golpe en el hombro.

    - ¿Llego tarde?

    Ahí estas tú, como siempre tan sonriente, tan bonachón y tan perfecto. Rápidamente me llevo la mano a la cara simulando un picor de ojos, aun así, tú te das cuenta y vuelves a dedicarme otra sonrisa.

    - Vamos mejor a un sitio donde no nos mojemos y podamos sentarnos.

    El paseo se me hace eterno. Solo caminamos, sin mediar palabra. Estoy bloqueado, tengo tanto que decir y tan poco tiempo. No puedo levantar la mirada del suelo, verte otra vez me mataría ahora mismo. Según andamos el sol va asomándose tras de nosotros otra vez. Es como si tu hicieses que todo brillase, algo que no me sorprende. Sin darme cuenta veo tu reflejo en un charco y el corazón se me agita. Entonces me coges por el hombro y me derrumbo…

    Cuando vuelvo en mí ya es de noche. Repaso mentalmente mis últimos recuerdos y no puedo evitar maldecir lo ocurrido. Busco mi reloj, no obstante, me paro al instante, no quiero saber qué hora es, no quiero saber cuánto tiempo he perdido. Aun me siento mareado por lo que miro al cielo intentado estabilizarme. Hacía mucho tiempo que no me fijaba en las estrellas, tan distantes, pero a la vez tan cercanas. Solo vemos un reflejo de lo que un día fueron, ahora pueden haber desaparecido para siempre. Sin embargo, ahí están, recordándonos su grandeza. Cuando vuelvo a fijarme en ti no puedo evitar equipararte con las estrellas, ahora estas aquí, pero mañana ya no estarás y tu recuerdo será el único que aún perdure de tu existencia. Y me doy cuenta que, aunque mañana no estés tu luz seguirá brillando durante mucho tiempo dentro de mí.

    Tu luz me llena de valor y empiezo a hablar. No puedo evitar hablar sobre lo que hizo que te marches de aquí, entonces te veo triste por primera vez, y me dices algo que me marcará para siempre.

    - He venido a verte y estar contigo una última vez, no lo estropeemos hablando sobre algo nimio.

    Cuando intento solucionarlo sacando otro tipo de tema me doy cuenta de que tú ya no estas, solo queda el espejismo de aquello que fuiste y que no supe aprovechar en el último momento. Y entonces despierto.
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