• La arquitectura nihilista de Edith Finch (i)

    Una de las posesiones materiales que nuestra cultura nos ha inculcado con más fuerza es la idea del hogar. Desde hace miles de años, cuando el hombre pasó de ser nómada a crear asentamientos, nuestra vida ha girado en torno a ese lugar físico donde comemos, dormimos, nos aseamos o tenemos nuestras pertenencias; más aún, y desde hace unos cuantos siglos, ciertas profesiones se han desarrollado en el interior de nuestras casas.

    La forma en que ese terreno se ha convertido en nuestro hogar siempre ha estado ligada al fuego; etimológicamente, la palabra hogar deriva del latín ‘focus’ y su significado más básico es, precisamente, el del lugar donde se prepara una hoguera. Alrededor de esa hoguera, de madera, de gas natural o de inducción, es donde nos hemos calentado y cocinado nuestros alimentos. Partiendo de un concepto físico tan básico como el calor hemos originado la forma en que actualmente entendemos la compleja organización de la sociedad humana.

    Pero tanto para encender un fuego como para edificar una casa hay una serie de pautas que debemos seguir. Para el primero necesitamos un material combustible y una fuente de ignición; para la segunda (aquí se complica algo más la cosa) es preciso construir unos buenos cimientos sobre los que levantar unos pilares, que soportarán el peso del tejado y darán forma a las paredes que compondrán el hogar. Ambas ideas siguen unas leyes, entendiendo como tales al conjunto de reglas y normas que permitan su consecución.

    What Remains of Edith Finch rompe toda idea, ley o norma establecida en lo referente a la construcción de un hogar. La casa de los Finch está edificada siguiendo unos criterios arquitectónicos un tanto peculiares: cuando un miembro de la familia muere su habitación se clausura para no volver a ser ocupada jamás por ningún otro. En su lugar se construye una nueva estancia para el nuevo habitante, rompiendo así toda norme establecida, tanto arquitectónica como social.

    Esa ruptura de toda ley conocida, de toda convención anteriormente aceptada, tiene unas raíces históricas muy profundas. Podemos remontarnos a la antigua Grecia, al siglo IV antes de nuestra era, momento en el que Antístenes fundó la Escuela Cínica. Los cínicos criticaban el orden y la moral establecida, viviendo sus vidas según las normas que ellos establecieron para sí mismos, despreciando las costumbres y todo aquello que representase una atadura para el hombre. La familia Finch construye habitación tras habitación, una encima de la otra, dando forma a un hogar donde todos los miembros familiares están y estarán siempre representados. Huyen de la atadura del olvido, de esa costumbre socialmente aceptada de pasar página; ninguno de ellos podrá olvidar nunca a los Finchs que los precedieron, porque literalmente sus vidas permanecen con ellos.

    Sin entrar en una antología filosófica muy profunda, Antístenes y su escuela construyeron los cimientos del nihilismo, una corriente de pensamiento que toma como base la negación de los supuestos sentidos de la vida. La casa de los Finch es la materialización de esa línea rupturista, de esa disolución del continuismo: una casa construida desde cero tras la llegada de Odin Finch a la Isla de las Orcas desde su origen natal. Ese viaje, motivado por la creencia de que sobre su familia pesaba una terrible maldición, hizo que Odin transportase su hogar desde Noruega; esa maleficio fue la que hundió su primera casa, manteniéndose visible gran parte de ella. La maldición de la que intentó escapar no fue sino la confirmación del mal que aquejaba a su familia. Rompiendo de nuevo toda norma tuvieron que construir un cementerio para los familiares perdidos en el naufragio, antes incluso de edificar la nueva mansión Finch.

    Y así como la casa familiar representa el plano físico del nihilismo, las historias de los Finchs son su sentido filosófico. El desarrollo de este título toma como partida el regreso de Edith a su antiguo hogar, al que no había vuelto desde el funeral de su hermano Lewis. A su llegada, y en sus propias palabras, la protagonista siente que la casa la estuviese esperando; pero en ella ya no hay una familia, sólo quedan sus recuerdos. Recorriendo las habitaciones de cada Finch iremos descubriendo cómo fueron sus vidas, pero sobre todo nos contarán como fueron sus muertes.
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