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    El Meltdown

    Mientras me rasco el bigote (todavía sucio de azúcar de los donut que me dieron en la entrada) llegamos a la sala de control: un tablero que se extiende interminable alrededor de un tanque de vacío lleno de lo que parece gel efervescente. El cristal distorsiona la imagen, pero se puede ver con bastante claridad la monstruosa criatura atrapada en el tanque hermético.

    - Y aquí llegamos por fin al núcleo del reactor, el corazón de la mente de Yayo por decirlo de alguna forma.

    Flotando y girándose con pereza, una figura rechoncha de más de mil kilos, rosada y desnuda se despereza en el medio del gel lechoso. El pelo largo y negro flota ocultándole la cara. La cellulitis y las estrías dibujan un mapa curioso a lo largo de los muslos, nalgas y un mondongo que flota con vida propia. Las ubres aplauden y rebotan, con venas púrpura ramificándose desde los pezones. Me quedo boquiabierto.

    - ¿Eso es...? - le preguntan a nuestro instructor, el Dr. Yuyo.
    - Sí, Sr. Yaye: eso es nuestro id.
    - Joder - dice Yayoronski a mi lado con las manos temblando. - Entonces el artículo del 87' de Stanisław Pagaczoński sobre la psicolo...
    - Shh, no es hora para namedropear - corta la rubia Yayińska.
    - Parece...
    - ... sí, la abominación de Inside.
    - Pero si ese juego fue una mierda! Nunca nos gustó.
    - Y por eso es nuestro corazón.

    - Señores - interrumpe el profesor Yayanaki - nos acaba de llegar una alarma de nivel siete.

    Se hace un silencio en el cuarto de control. Las alarmas nunca se encienden en la sala de control para no despertar a La Morsa.

    - ¿Siete? Joder, eso...
    - Sí, eso es la esposa de Yayo.

    De pronto por los altavoces suena una voz cascada, siniestra. Fortissimo.

    - Buenas noches, Yayos. ¿Me recordáis?
    - PERO QUÉ ES ESO, APAGADLO YA!

    La morsa empieza a girarse y a mostrar interés en los sonidos.

    - Sí, Yayos, soy yo: la sombra de la conciencia social! La representación psicológica de todo lo que la mierda moderna de las redes sociales crea en el individuo. Soy la Madre de la Vergüenza Digital, y esta noche vengo a joderte bien jodido.

    - Nooo! Tenemos que detener el meltdown, que LA MORSA SE ESTÁ RECALENTANDO!!!

    Se encienden todas las luces y los ojos de la morsa brillan como dos rubíes ardientes en el gel lechoso que se recalienta hasta hervir. Los otros Yayos empiezan a correr como locos por la sala de control, yo intento conectar el servicio de retro alimentación secundaria para reiniciar los sistemas de apaciguamiento de la Bestia (básicamente porno gore personificado enviado al tanque de la Morsa) y en ese momento veo que el cristal empieza a fisurarse.

    El Dr. Yuyo corre con la pistola de munición elástica 9450 pero ya es demasiado tarde y el cristal explota con una corrida de gel efervescente que le causa quemaduras de tercer grado y shock anafiláctico. Con sus manazas, La Morsa se abre camino fuera del cristal, doblándolo como si fuera de goma.

    - Joder que se escapa la puta, es hora de activar los sistemas!... - grita Yaye antes de que la morsa lo aplaste rodando sobre sí misma; y usando sus propias tetas como alicates le revienta la cabeza que explota como sandía. La rubia Yayińska se queda petrificada en su sitio negando con la cabeza violentamente, mientras La Bestia avanza hacia ella llena de odio y envidia, la gorda cabrona. Y el profesor Yayanaki se apresura a salvarla, pero le van las gordas así que en un intento final se tira a la teta a intentar chuparle un pezón, y la morsa se ríe con las cosquillas hasta que se tira un pedo que lo empuja como muñeco de trapo con la fuerza de un ciclón contra la pared y le quiebra cuatro lumbares y dos cervicales.

    - Vamos rápido nos tenemos que ir JODEEER! - grito mientras voy a la doble puerta de seguridad, el último punto de cierre del reactor antes de que la Morsa se escape y se funda todo en una shitstorm épica.

    Y Yayoronksi ya está del otro lado de la puerta intentando cerrarla y me grita:

    - Sácate la chorra joder, que eso nos va a dar más tiempo!
    - ¿Pero qué cojones? - le grito mientras corro a la puerta.
    - Que sí, que eso le gusta, eso la va a distraer!
    - Pero qué, ¿entonces somos maricones?
    - No, que es nuestra propia polla y siempre quisimos hacernos una auto felación, no te acuerdas?

    Y me giro en seco recordando los intentos frustrados de la adolescencia y el dolor de espalda, y encaro a la Morsa que viene rodando hacia mí con la furia de un monstruo que nunca nadie vio, y me abro la bragueta en un intento desesperado, le impongo mi miembro y los rubíes brillan al ver lo que nunca pudo tener y nos chocamos y caemos y rodamos y está calentita y rosada y blanda y me aplasta la polla con su espalda y con mi miembro cercenado me encuentro a mí mismo desayunando.

    - ¿La mantequilla? ¿Cariño?
    - Ah, perdona bonita, aquí tienes.
    - ¿Todo bien?

    Y levanto la mirada del desayuno, miro a mi esposa a los ojos mientras unta mantequilla en su tostada y le digo:

    - Sí cariño, todo está perfectamente bien. Y estará mejor. Porque ya llegó la hora.
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    3 Comentarios
    • , 25/09/2017
      @ayaxsoul no joder: me voy a cortar la pindola para acabar con la fijación sexual más que evidente en mis textos y así poder eliminar la bestia y el dolor de la represión social digital. Y yo que pensé que estaba claro...... xD
    • petete_torete, 25/09/2017
      Madre yayo.
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