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    The Mile High Club

    Me despierto atontado con uno de esos ronquidos sordos que no sabes si estuviste con la boca abierta toda la siesta, ni cuanto tiempo estuvo la vieja mirándote dormitar o si se dio cuenta del bulto en el pantalón, que por allí le gusta pero mejor no averiguarlo. Me siento, la baba colgando por el mentón, por suerte nadie me robó la maleta (todavía apretada entre las piernas, que en los aeropuertos nunca se sabe qué mamarracho va a intentar robarte).

    Son las 7:15 y hacía ya años que no pasaba la noche en un aeropuerto, la espalda me duele como si me hubieran apuñalado en los riñones cuatro veces. Hacerse viejo es una mierda. El bullicio crece, la gente empieza a aparecer como cucarachas en una fiesta post nuclear. Voy al baño a refrescarme y empiezo mi peregrinación buscando mi gate.

    En el control me preguntan que qué carajo tengo en la maleta y les explico que es un nuevo hardware que produje y diseñé en el curro, y que tenemos que ensamblarlo en las oficinas en Bélgica, que por eso allí voy y que la caja está vacía. Me miran peor que si tuviera 300 gramos de hachís metidos por el culo y sigo mi camino.

    Llego a la puerta por fin para atorarme en una cola monumental, de esas en las que parece que el tiempo está congelado y lo único que salva el aburrimiento es fijarse en las pequeñas cosas de la vida: el típico veinteañero que juega con su psp (pobre infeliz, no sabe que está más muerta que mis abuelos), la dama de alta sociedad que no se tira pedos ni cuando está sola, las viejas cacareando sin parar, los jóvenes erasmus viajeros con sus ropajes sucios y mochilas de 40 kilos; la frenética que intenta meter la maleta en el soporte de metal para ver si cabe y demostrarle a las azafatas sin alas que trabajan en tierra que sí, su valija de piel de cabra entra y es de tamaño correcto, pero claramente no entra en el soporte de metal así que entra en pánico, intenta sacarla de ahí sin que nadie lo vea pero está atorado y no sale, tironea fuerte hacia arriba, la tipa de seguridad la ve y se ríe, sigue empujando hasta que algo hace crack dentro y se queda libre, intenta alejarse y llevarse la maleta sonajero con su cric cric de metal de lo que carajo sea que se le rompió dentro; pero ya es tarde, la segurata se le acerca y le factura una maleta completa y se va riendo con cara demoníaca y ojos negros sin pupila.

    Pero a esas horas ya no estaba yo para fiestas ni darme cuenta de las señales, que tenía un buen par de tetas y no me iba a preocupar por ojos demoníacos ni miradas raras, que el Abogado del Diablo es una buena peli pero es solo una peli, ¿no?

    Se pasa la hora y subimos por fin al avión, una cosa rara de una compañía rusa y pienso "por qué carajo no me consiguió la asistenta un vuelo en una compañía normal, como Ryanair" y medio dormido y cansado llego a mi asiento sin prestarle atención a la cortina que nos separa de la cola del avión.

    Despegamos y me preparo para acurrucarme a dormitar un rato, que me quedan tres horas más de vuelo, pero unas turbulencias hijas de puta me levantan los pelos de la nuca y me pongo a rezar que nunca viene mal. La fuerza g me aplasta el escroto y la garganta y me giro alrededor para ver las caras de los otros, y allí no hay nadie. Levanto la cabeza un poco por encima del asiento y sólo veo dos turistas allá adelante, que parece que no les importa un carajo. La señal roja de abrocharse el cinturón se apaga, pero no es un cinturón sino una especie de látigo sadomaso. Estos rusos están mal de la chola.

    Me levanto con la excusa de buscar el baño, esas turbulencias me recuerdan que todavía no soy parte del Mile High Club y que si hay que morir, pues una pajilla antes no vendrá mal, ¿no? Y abro la cortina y veo que el avión no es el típico cilindro morcilloide al que estamos acostumbrados, sino una especie de O de donut de "su puta madre qué carajo hicieron estos rusos con el avión", el techo es de cristal y en el centro del pasillo hay un puto jardín, una pelirroja y un stand como en un bar. Y los pasajeros están en descomposición, la piel hecha añicos y pus, los estómagos hinchándose llenos de fetidez y vodka, una puerta al fondo se abre y sale un esqueleto fumando lo que parece el brazo de un puto niño.

    Me doy la vuelta para volver a mi asiento y una azafata con la piel demasiado roja y los ojos jodidamente negros me sonríe e intenta tomarme de los hombros, salgo corriendo que los hombros no son la polla señora y paso por un atrio lleno de columnas góticas. Y la cola del avión ya no es un avión sino una mazmorra de Quake, por la ventana veo que la luna se está cayendo del cielo, girando y cayendo y girando como una golondrina muerta; y al girarse veo lo que parecen dos motores de cohete espacial apagados, como si lo que mantuviera la luna en el cielo es un motor y no la gravedad. Los demonios y cadáveres empiezan a aplaudir y otra azafata me susurra al oído que le coma la

    MUJERES NO ME FALTA NI EL DINERO NI EL AMOR. JINETEANDO EN MI CABALLO...

    Me despierto con un sobresalto, la música todavía sonando en los auriculares. La sangre me pega con más fuerza en la carótida que aquella vez que me lo hice en el sauna a 70 grados.

    Miro por la ventanilla y allá lejos está la luna, flotando, un guiño gris en un cielo azul. Me tranquilizo, respiro hondo y pienso que esta vez mejor no intentar entrar en el Mile High Club. Y que tengo que dejar de mirar porno bizarro con azafatas por la noche...
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    5 Comentarios
    • drtenma, 23/09/2017
      Uy, en mis últimos vuelos sí he tenido azafatas que podrían participar en varias fantasías... O soy de fantasía fácil, no lo descartemos tampoco xD
    • pardnefzen, 29/09/2017
      Yayo ha sido eliminado!!!!¿?¿??¿¿?¿!!!!!!!?¿?¿?¿?¿!!?!¿!?¿!?¿!?!¿¿¿??

      Vuelve!!!! No te hundas en el infierno!!!!!
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