• I Understood That Reference - Crítica de Ready Player One

    Todavía tengo vivo el recuerdo y las sensaciones de la primera vez que supe este libro. Había viajado a Madrid por amor en aquel entonces y motivado por la curiosidad me metí en una mega-librería de las que hay por el centro. Pasaba por las estanterías sin fijarme muy bien en los tomos, pues eran difícil de leer y las letras cambiaban de posición continuamente. Sin embargo, en la sección de ciencia ficción, mis ojos se depositaron firmemente en aquel tomo azul y amarillo con el Space Invader en el lomo. Era una portada minimalista atrayente y con un título más atrayente aún. Para cuando terminé de leer la contraportada ya supe que ese libro sería para mí. Fue como un flechazo. Los libros que había leído anteriormente siempre habían sido por obligación, recomendación o simplemente porque eran clásicos. Pero jamás antes me había sentido así con ningún otro libro.

    Empiezo con esta anécdota personal en vez de hacer con un comentario intelectualoide o una entrada sardonica porque creo firmemente que Ready Player One, es un libro que apela al lector. Requiere que el receptor ame al emisario de antemano para que el emisario llegue al receptor. Una pescadilla empática, que no para de auto-agradarse a si mismo. Entonces, ¿A que elemento recurre Ernest Cline para que esta paradoja literaria ocurra? La respuesta a esa pregunta es: A las referencias.

    Las referencias, esos huevos de pascua ocultos en cualquier tipo de arte mayor o menor, puestos allí para representar un homenaje, una inspiración o simplemente para diversión del propio autor de la obra. El público que haya entendido la referencia y su intención en la obra se sentirá inteligente por haberla captado y como recompensa, su cuerpo le liberara una dosis mínima de dopamina. La suficiente como para poder denominar a este efecto el “cuanto” de la felicidad, la unidad más pequeña utilizada para poder medir el resto de sensaciones felices. Para ponerlo en perspectiva y ejemplificarlo mejor simplemente digamos que las referencias son “la patada en los cojones del humor inteligente”. Es simple, es fácil y es efectista.



    Aun así, hay que tener cuidado con las referencias. Pues la sobrecarga puede causar el efecto contrario y tu obra puede verse absorbida por estas. Gracias a Dios, esto no ocurre en este libro debido a que asienta las propias referencias a la cultura pop como base de su historia, salva al libro de esta catástrofe enseñándolas aún más. Pero no me quiero adelantar, pues las referencias y los huevos de pascua son una de las muchas capas que tiene el libro.

    Y es que, ante todo, Ready Player One es una novela Post-apocalíptica o al menos, como a mí me gusta llamarlo: Soft-apocalíptica. El mundo que plantea esta novela no es otro que el del actual llevado a su máxima expresión treinta años después: Crisis energética, escasez de combustibles fósiles, cambio climático, guerras, hambruna etc. Una muerte lenta, un declive pausado de la humanidad en vez de una sola y rápida catástrofe mundial global.

    Es aquí entonces cuando aparece el elemento diferenciador: Oasis. Una consola tan poderosa capaz de crear un universo indistinguible del real donde todo es posible. Donde jugar es solo una de las muchas opciones que se pueden hacer. En el libro aparecen decenas de ejemplos: Trabajar, viajar, estudiar y hasta incluso ir a misa. Pero, sobre todo, disfrutar. Salvando las distancias, es la mejor revisión de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley que he leído. Solo que en Ready Player One, en vez de formular preguntas para replantear ciertos aspectos éticos y tomar al lector como un mero espectador en la historia, este prefiere meterte de lleno en sus diferentes mundos para sentirte exactamente como los propios personajes.

    El libro, como he mencionado antes, funciona a varios niveles. Siendo las referencias la primera y la más visible, a partir de ahí se superponen otros tres más: El mundo de Oasis, el mundo “perfecto” maravilloso e idílico, el mundo real donde todo es una catástrofe y el mundo aún más real, donde estaríamos nosotros. Y el encargado de aunar estas capas de realidad y ficción es Wade, el propio protagonista que escribe el libro que nosotros estamos leyendo conectando su mundo con el nuestro y haciéndonos saber sus pensamientos sobre los demás niveles.

    En el libro se presentan un par de capítulos en los que Wade explica su rutina, tanto en el mundo real como en Oasis. Es en estos capítulos donde se encuentra la primera dicotomía, pues sobra decir que los momentos del mundo real están llenos de sensaciones desagradables de decadencia y maldad y los de Oasis de sensaciones agradables de diversión y exaltación por los propios mundos y la fantasía.

    Continua aquí: http://xabieresquiroz.tumblr.com/post/163452127153/i-understood-that-reference-cr%C3%ADtica-literaria
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