• El día (IV)

    No sé dónde estoy. La luz cambia constantemente de color. Azul, blanco, verde, rojo, amarillo. Cuando creo haber captado la serie me sorprende con un color distinto. Trato de buscar a mis amigos. Fallo en cada intento. No para de pasar gente. Estoy en medio de unos rápidos. Soy cual roca que espera a un barco para romperlo. No paran de chocar navíos. Consigo ver en el horizonte el Titanic. Mi Rose está en la proa, disfrutando del viento. Intento ir contra corriente, pero me olvido de que soy una piedra. Me deshago de mis ataduras y arranco a andar, pero un portaaviones me tapa el camino y choco contra él.

    - Cabrón, me has tirado medio cubata, esta me la...

    La música ahoga sus palabras. Continúo andando mientras maldice a mis espaldas. Entonces me acerco a ella. Lentamente. Me dejo llevar. Me sumerjo en el ritmo y me empapo de los movimientos de mis colindantes. Fluyo hasta estar cerca de ella. Me mira y sonríe. Le enseño como talar un árbol. Me transformo en la sepia. Uso el bastoncillo. Remato con el escalador. De golpe unas carcajadas me rodean. Entonces soy consciente de mí mismo. Ridículo. Eres ridículo.

    - Joder tío, pareces un crío bailando así.

    Carlos, maldito capullo. Ser crío. Ser otra vez un niño. De pequeños nos obsesionamos con ser adultos. Pero los adultos sueñan con volver a ser jóvenes. Cuando se tiene temprana edad se disfruta de cualquier mierda. Cada día es una sorpresa. Pero no, se nos pide madurar. Dejar de ser crío. Ser amargados. Pre ero bailar como si tuviera epilepsia a tener los pies bañados en cemento.

    - No le hagas caso, a mí me han gustado esos movimientos. ¿Podrías repetirlos?

    Una diosa me ha pedido que baile para ella. Uso todo mi repertorio. La ardilla, el bombero, el jardinero, el perro, la pinza, la silla de ruedas, el jefe, el gerente. Cuando me doy cuenta mi público ha cambiado. Logro ver a mi grupo detrás de unos que no les dejan pasar. Unos me señalan. Otros se ríen tanto que parecen que van a estallar. Uno se me acerca. Me ladra algo que no soy capaz de distinguir. Ladra tanto que me llena de babas. Le indico que no me babee tanto. Por un momento se crea un silencio. Un silencio que se me hace eterno. Pasa como una semana, me da tiempo a que se me vaya la borrachera. Entonces lo veo. Hace poco le tire un cubata y, seguramente, después de hacerse el chulito, ha venido a demostrar quién es el macaco con el culo más pelado.

    Abro los ojos y veo el cielo estrellado. Me duele todo. Creo que estoy tumbado. Una serie de palabras danzan a mi alrededor. Murmullos ahogados en un pitido constante proveniente de mis oídos. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Lo último que recuerdo es un macaco muy cabreado abalanzándose a por mí.

    - Al fin te has despertado. ¿Te encuentras bien?

    Veo a Liora. Cerca, muy cerca. Me devuelve el conocimiento. Noto mi cabeza apoyado en algo suave y cálido. Un escalofrío me recorre por todo el cuerpo, como si ella me diese vitalidad. Tengo la su ciente fuerza para levantarme. Decido continuar siendo el pobre herido. El tacto de sus piernas me hace recordar cuando era bebe dentro de las entrañas de mi madre. Por un breve instante de tiempo recupero la pureza de ese momento. Intento paralizar el tiempo, pero la vida sigue. Ahora es el momento.

    - Gracias a ti estoy mucho mejor.
    3
    • reisor, 21/12/2016
      Quedan 3 más. Iré subiendo uno cada día hasta el día 24 que sera el último.
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