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    El Jardín de Yayo (II)

    La viuda negra

    Así se hace llamar ella misma.

    Alta, flaca y extravagante. Madre de dos criaturas, mujer moderna de facebook. Selfies, poca ropa, muchas vacaciones con su amante (que no marido) y amigo mío, y un ego y una visión de sí misma altísimos, sólo ensombrecida por ese menudo pedazo de nariz que le convierte la cara en un reloj de sol.

    Ella fue amiga mía una vez, hace años, cuando trabajábamos juntos para los putongueses. Era una aprendíz de phpita y mierditas web con aspiraciones a jefa de equipo. Creía en el trabajo duro, en aprender desde cero y luchar para llegar a lo más alto.

    Años después, me ayudó a conseguir el puesto de game director en la empresa en la que ya no estoy.

    A parte de tener una relación romántica secreta a gritos con el Capitán Desastre, se convirtió en una experta en el teje y maneje de las personas: Foxy no fue más que una marioneta de sus planes para que despidieran a todas y ser la única mujer en ese equipo. Estaba celosa. De todas. Siempre.

    Cuando tuvimos que contratar un artista para nuestro startup, la primera idea que vino a mi mente fue mi viejo amigo Wacha - pareja y padre de su hijo más pequeño. Ella misma quiso que lo contratáramos en un primer momento, pero luego hizo todo lo posible para evitarlo y eliminar nuestra startup - porque ella quería tener acceso a nuestro presupuesto -. Al final tuve que terminar diciéndole a mi amigo que no podríamos contratarlo, mentirle sobre las razones y cortar toda relación con él, con ella y poner en riesgo el futuro de nuestra startup… que se terminó yendo a tomar por culo de todas formas.

    Porque es una putada tener que decirle a la cara a un amigo que su mujer es una zorra hija de mil putas que lo único que hace es clavar dagas envenenadas por la espalda y meterle los cuernos con el jefe.

    Algunas cosas no se pueden decir, por mucho que joda.

    Ojos que no ven, corazón que no siente.

    Santa Bu

    Apareció con sonrisa afable y bonachona, dejando entrever el brillo de oro de su colmillo derecho. Al sacarse el gorro rojo de lana dejó ver unos pocos pelos apuntando al cielo, pelirrojos como su larga y espesa barba. Camiseta de los nicks, zapatillas nike, panza bien nutrida.

    Nos sentamos a la mesa, jamás dejó su sonrisa. Como un mago sacó datos de debajo de las mangas de su chaqueta de cuero y jean: 30 juegos al año, beneficios de 5 cifras por cada juego, canales de marketing, publishers conocidos, reclames para pulverizar el ego de los jugadores, venta forzada de productos in game para todos, martirización de los mejores jugadores y reconversión en clientes/compradores… negocio redondo.

    - Lo primero que debéis hacer es comprar un juego de la página www.juegos-mierda-de-movil-ya-terminados.com, le cambiamos los gráficos y lo volvemos a publicar. El juego en sí costará poco - un par de miles de dólares, pero compraremos ya a los usuarios y...

    - Espera un momento - le dice el Capitán Desastre - ¿no era esa la página en la que estabas trabajando antes?

    Sonríe de forma más amplia, para que se le vea bien el diente de oro.

    - Amiguete, qué rápido eres, me has pillado! Je je je.

    Esa fue su primera estafa.

    Luego quiso que lo contratáramos como asesor de márketing. Luego como encargado de monetización. Luego como CEO. Nada le fue suficiente así que quiso ganar royalties por sus conocimientos. Como el Capitán Desastre no le quiso pagar, terminó haciendo su última exigencia: 30.000 pirulos por adelantado por 3 meses de trabajo.

    Llamé al dueño de los Clonadores, que a pesar de todo todavía me quiere (sigo sin saber por qué). Hablé con él sobre Santa Bu (porque de algo me sonaba su nombre), y lo que averigüé fue peor de lo que pensaba: el hijo de puta iba estafando gente de empresa en empresa, metido en chanchullos ilegales desde evasión de impuestos (lo más simple y normalito) hasta un negocio fundido en Londres que terminó con 3 millones de libras de inversores, varios contenedores incautados en la aduana y una decena de niños chinos huérfanos en lugar de los caramelos que había prometido, deambulando por el puerto. Tela marinera.

    Al final conseguimos escapar de Santa Bú, el primo de Belcebú.

    O eso creía yo: unos meses después volvió a nuestra empresa para proponer un nuevo negocio: encontró en Las Vegas algún pobre iluso con ganas de entrar en este mundo apasionante de los jueguicos y le propuso hacer una aplicación para casinos, usando código robado de otra empresa…

    Por suerte me despidieron antes de llegar a tener que participar en eso.
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