Hace menos de un mes, un grupo de almas cándidas y bondadosas liberaban la traducción al castellano del magnífico Panzer Dragoon Saga (o al menos, de parte de él), pero hoy al que le ha tocado aprender nuestro idioma es un clásico de Nintendo 64.
Se trata de Banjo-Kazooie, juegazo que parió la difunta Rare. Podéis descargar el parche de traducción desde esta web tan maja que los colegas de Tales Translations han creado para la ocasión. Cualquier duda que podáis tener estará resuelta en la FAQ, pero también podéis preguntarles directamente en su foro.
Y no os entretengo más, que sé que os estáis muriendo de ganas por catar algo de cuando Rare era sinónimo de calidad.

Qué pena que Kazooie no sepa qué es un PC.
El chismorreo, del que me entero gracias a IGN, ha surgido directamente de uno de esos patinazos que pegan a menudo algunas compañías, no se sabe muy bien si intencionadamente o no. Y tratándose de Rare, yo diría que esto de involuntario tiene lo mismo que yo de físico termonuclear.
El tema es que hace poco publicaron algunas capturas del nuevo theme para la interfaz de Xbox basado en Banjo-Kazooie. En una de las imágenes se muestra la sección “Mi Xbox” que todos conocemos bien, en la que aparece nuestro Avatar acompañado de los iconos de los últimos juegos a los que hemos jugado.

Si os fijáis en la foto de aquí arriba, veréis como el último icono, que queda situado tras la mano del Avatar en cuestión, es la jeta de Joanna Dark, la heroína de Perfect Dark. Y no, no es el icono que aparece al jugar a Perfect Dark Zero. ¿Significa esto que el Perfect Dark de Nintendo 64 que hizo llorar lágrimas de Moët Chandon a chiconuclear verá la luz en el servicio XBLA? Pronto lo sabremos. ¿Es esto comidilla para fans, cortesía de Rare? Sin ninguna duda.
El líder creativo de Nintendo, Shigeru Miyamoto, fue entrevistado esta semana por el redactor jefe de Famitsu, Katsuaki Kato, con quien repasó la trayectoria de la compañía nipona a lo largo de los últimos años. Sorprendentemente, Miyamoto dejó patente su decepción durante las pasadas generaciones con respecto a las directrices creativas de la corporación y, más concretamente, a la infame y fisherpricesca GameCube:
Hubo una época en la que Nintendo iba en la misma dirección que las demás compañías. Cuanto más competíamos con las nuevas empresas del mercado, más comenzábamos a actuar como ellas. Pero, ¿era ser el número uno en aquella competición lo mismo que ser el número uno para el público en general? Ésa es la pregunta que nos hacíamos. El entretenimiento es algo para lo que debes mirar al mundo con amplias miras a la hora de crear. Siempre lo he pensado, pero hubo unos años [de la era Nintendo 64 en adelante] en los que fui incapaz de quitarme de encima las tendencias de otros. Tenía un dilema en la cabeza.
Éste es un trabajo en el que tú tienes un plan que vas puliendo y puliendo con la ayuda de otros. Si los juegos de Nintendo no logran sobresalir, y además proliferan juegos que no están hechos con esa filosofía, se demuestra que el proceso de creación es inútil, lo cual me entristece. Esto era especialmente obvio durante la era GameCube; los títulos de Nintendo apenas eran mencionados por el público general.
Nintendo 64, Noticias
por Sabin 23/11/2008, 21:49
El 23 de noviembre de 1998, The Legend of Zelda: Ocarina of Time salió en el mercado estadounidense. A Europa llegó un par de semanas después y con una distribución que hizo que muchos tuviéramos que remover cielo y tierra para poder conseguir nuestra ansiada copia, con la que pasar una Navidad, por lo menos, tan buena como la del año anterior con GoldenEye. El manual de traducción de todos los textos del juego fue de casi tanta ayuda como Navi. Hey, listen!
La revista Nintendo Power americana ha celebrado el décimo aniversario de uno de los juegos más importantes de la historia con una entrevista a Eiji Aonuma, uno de los directores del título, y que desde entonces se ha ocupado de todos los Zelda de sobremesa. Os dejo los scans y una traducción de lo que considero más interesante.

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Un viento agrio se colaba bajo las cortinas de mi ventana. El frío invernal debió haberme animado a arreglar ese cristal, pero las luces de neón del prostíbulo adyacente sugerían una atmósfera templada. Un par de pisos más abajo, un Lincoln Continental intentaba aportar algo de elegancia a las sucias calles del Lower East Side. Una brizna de suntuosidad en el alba de la Gran Depresión de 2008. Era una noche aburrida, como atestiguaba mi sombrero de fieltro colgado tras la puerta. Entonces sonó el teléfono.
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