Es el caso de Hugh Spencer, padre de Evan, un chico de 13 años que quería jugar a Call of Duty: World at War con sus amigos. El amigo Hugh, para
Evan es implacablemente razonable a veces. Nos explicó por qué quería jugar al juego y fue sincero sobre por qué sabía que mi "sentido-paterno" empezaría a zumbar. Así que yo también tenía que ser razonable: le eché un vistazo al juego. He hecho muchas investigaciones para museos militares, así que vi que el juego era bastante fiel. Había muchos tiroteos y explosiones, pero lo cierto es que hubo mucho de eso en la II Guerra Mundial [...] Así que llegamos a un acuerdo. Bueno, más o menos...
El acuerdo es que Evan tiene que combatir según las reglas de la Convención de Ginebra. Si sus compañeros violan la Convención, tiene que dejar de jugar y olvidarse de Call of Duty durante un tiempo. Ya veremos qué tal funciona, pero Evan siempre mantiene su palabra. Sobre todo cuando tiene que ver con sus juegos.
Supongo que el vistazo que el señor Spencer le echó al juego no fue lo suficientemente minucioso como para darse cuenta de que en el juego no hay civiles, no hay soldados que se rindan o que queden heridos y, por supuesto, tampoco se hacen prisioneros. Jugar cumpliendo la Convención de Ginebra es totalmente imposible así que, o bien su hijo no jugará nunca al juego, o eso de que siempre mantiene su palabra no es del todo acertado.

En la imagen, un soldado japonés muestra vehementemente lo que opina sobre la Convención de Ginebra
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