
Parece que a algunos les caló más hondo de lo que debía el primer Left 4 Dead. De hecho, imitando a las hordas de zombies 1, miles de fans se lanzaron a las calles en pleno ataque de furia destructiva cuando se enteraron de que su amado Gabe Newell se la metía doblada al sacar una secuela out of fucking nowhere poco menos de un año después. Sin embargo, desde Valve han insistido por activa y por pasiva en que esto no era un burdo sacacuartos, y que los cambios respecto al original justificaban con creces ese numerito al final del título.
Ahora, con la demo en nuestras inmaculadas manos de analistas imparciales y portadores de la verdad absoluta, vamos a echar un primer vistazo a Left 4 Dead 2 para comprobar de una vez por todas cuál de los dos bandos tenía razón. Vamos allá.
Lo primero que llama la atención de la campaña que se incluye en la demo, The Parish, es que transcurre a plena luz del día, dándole un tono distinto al del juego original. Las oleadas de zombies da la sensación de que son algo menos multitudinarias que en en L4D además de que seremos capaces de verlas antes y desde más lejos, pero en Valve han sabido solucionar eso haciendo cambios muy inteligentes en los momentos de mayor intensidad. Antes estos momentos se basaban esencialmente en activar un interruptor o entrar en una zona y sobrevivir a la avalancha de la forma más astuta, que solía ser subiéndonos a algún vehículo o saliente del escenario, o colocándonos estratégicamente para que todos los no muertos vinieran de frente. Fácil, ¿verdad?. Ahora en cambio el juego nos hace movernos más, teniendo que desactivar alguna alarma casi siempre, pero obligándonos después a llegar a otro lugar abriéndonos paso a través de la marea zombie.

Los mutantes especiales, como ya debéis saber, gozan ahora de nuevas incorporaciones. A los cinco anteriores se unen el Spitter, que vomita ácido verdecontribuyendo a que nos movamos como si tuviéramos un tábano en el ojete; el Charger, con un brazo hipertrofiado que pega hostias como panes y embiste; o el Jockey, una especie de Quasimodo venido a menos que se nos sube a la chepa como si fuese nuestro hermano pequeño hasta que un compañero lo abate. También nos hemos topado con los consabidos zombies del S.W.A.T. que, con su chaleco antibalas y su casco, serán más difíciles de matar que el resto de no muertos normales.
Otra novedad de la que se ha venido hablando mucho son las armas de corto alcance. En este caso hemos podido probar la guitarra eléctrica, la porra policial, la palanca, la sartén y el machete, que es de lejos la mejor de todas. Sin embargo, como suele ocurrir en casi todos los FPS con armas blancas o contundentes, los golpes no son todo lo preciso precisos que nos gustaría, y se antoja problemático calcular el rango de distancia que cubrimos con cada arma. Son muy vistosas, eso sí, pero, sinceramente, no demasiado útiles a no ser que tengamos a una docena de mordedores comiéndonos la orejilla a escasos centímetros, así que es mejor tener un buen par de pistolas secundarias, o la nueva magnum, para cuando la munición se nos agote. En el caso de las armas primarias, repiten también las del original y se añaden una AK-47, una Uzi con silenciador, un nuevo rifle de asalto y un lanzagranadas que hará las delicias de los más brutos.

Los kits médicos siguen siendo nuestra salvación, al igual que las píldoras en momentos concretos, pero ahora también podemos inyectarnos de un chute de adrenalina que nos pondrá como toros aumentando nuestra velocidad. A ver qué opinan las APAs de esto de pincharse drogaína, pero algo me dice que no les va a sentar muy bien. Los tarros con bilis de Boomer son otra gran novedad, aunque en la demo parece que no son muy efectivos contra zombies especiales lancé uno contra una Witcher pero las hordas no parecieron sentirse lo suficientemente atraídas por ella como para dejarme en paz; pobre mujer, ya veremos.
El mil veces mencionado Director la I.A. aún no ha tenido oportunidad de mostrarnos el 100% de su capacidad para elucubrar maldades que pongan a los jugadores en serios aprietos, pero sí que nos hemos topado con cambios en el escenario que han condicionado el camino que tomábamos o la posición que adoptábamos de una partida a otra, algo que dice mucho en su favor.

En definitiva, la mecánica de juego ha cambiado en gran medida gracias a un número considerable de añadiduras que Valve ha sabido colocar donde debía, y que contribuyen, a primera vista, a dinamizar y sobre todo flexibilizar la forma en que jugábamos a L4D, que parecía mucho más rígido y limitado que esta secuela. De cualquier forma, la impresión es grata aun sin haber podido probar el modo versus el que tenía más chicha en el original, sin lugar a dudas ni los dos nuevos modos realista y búsqueda que en mi corazón siempre se llamará rapiña. Ahora toca preguntarse, ¿vale la pena entonces?. Pues, la verdad, aún es pronto para decirlo con toda seguridad, pero sí que os podemos asegurar desde ya que Left 4 Dead 2 es muy divertido. Divertidísimo. Casi tan divertido como decapitar a tres zombies de un sólo machetazo. Casi.
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