Bien, ahora ¿qué tiene este juego para que reciba semejantes palabras? Porque es un JRPG, ¿no? Y ¿acaso ese género no se había quedado estancado? Bueno, el problema es que los JRPGs o se aferran como posesos a las tradiciones, o intentan introducir una chorrada que pretende ser innovadora (sin serlo), o que a veces lo es pero se acaba cargando el juego de puro experimental que resulta, eso cuando no hace aguas por otro sitio, véase el FFXII. Así que, ¿éste a que grupo pertenece? Pues a ninguno de los anteriores. De hecho, es el pionero del grupo "JRPG que soluciona todos y cada uno de los fallos tradicionales del género, sin dejar de ser divertido y sin que por solucionar una faceta del juego descuide las demás". La leche, vamos. Porque veamos los problemas del JRPG moderno:
- Emoness (ver también: FFXIII): Este juego tiene tantos colores como la pota de un pony arcoiris y una dirección de arte lo suficientemente buena como para emplearlos como Dios manda. En movimiento, resulta espectacular y tremendamente envolvente. El tono del juego es alegre a más no poder, pero con cierto deje de melancolía sin necesidad de convertirse en un culebrón venezolano. Digamos que por cada paletada de drama, la contrarresta con otra de candor.
- Combates aleatorios por turnos (ver también Dragon Quest and the Quest for the Ultimate Grinding): Los enemigos se ven en pantalla, lo que hace que uno dosifica los enfrentamientos como le de la gana. Pero es que a eso se le une un combate mezcla entre turnos y tiempo real de lo más entretenido. No voy a pararme a explicarlo en profundidad (no hay espacio), pero diré que tiene una gran profundidad estratégica pero que al mismo tiempo te obliga a estar todo el rato atento a la pantalla. Los reflejos, la dosificación del tiempo y la posición de tus personajes serán vitales a la hora de combatir. Y eso sí que es algo que no se veía desde hace mucho tiempo.
- Lo genérico: Este juego despide personalidad por los cuatro costados. Un mundo inspirado en una fantasía que tuvo Choplin cuando estaba a punto de morir, personajes con carisma, armas-instrumentos, galletitas de melocotón que suben vida (<3), sinfonías para lograr ataques combinados, un mundo encantador en el que te quedarías a pasar las vacaciones vamos, que te olvides de las típicas mazmorras de hielo y fuego y de ciudades anime futurísticas.
En definitiva: tri-Crescendo vuelve a demostrar que son los amos y que el JRPG puede moverse hacia delante sin perder ni una sóla gota de carisma ni de sus cualidades tradicionales. No sé cuánto venderá, pero este va a ser el JPRG de la siguiente generación. Marcad mis palabras.

No sé cómo la gente puede preferir los marines calvos a esto.

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