Lo cierto es que el juego lo merece: plataformas 2D adaptando la mecánica de saltos con puntero que popularizó Mario Galaxy junto con una dirección de arte sublime (mención especial a la música) sólo podían dar lugar a un juego amoroso.
Así que felicidades, campeones. El juego mola lo suyo, los holandeses también, e incluso el trofeo en sí mismo por eso de su parecido con las figuritas de resina de 50 pavos que venden en las tiendas de cómics. Ahora sólo cabe esperar que esto no sea un caso aislado y que, con el desarrollo de la escena independiente, nuestra industria del videojuego encuentre el pulso que perdió en la anterior generación. Todo será cuestión de esperar y verlo.

Nae, Usuario
Baxayaun, Usuario
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