El encargado de una tienda GameStop de la zona cuenta que cuando la nueva ley entró en vigor, todos los comercios de videojuegos recibieron una visita del ayudante del sheriff. Éste les instó a tomar las huellas dactilares de todas las personas que devolvieran algún juego, aunque no tuvieran la intención de venderlo. El empleado de GameStop acató la norma porque «tienen armas, y yo no discuto con gente que tiene armas». La medida es bastante impopular entre los clientes, y aunque no les importa mucho, varios se han marchado del establecimiento al escuchar la exigencia.

En los últimos tiempos es frecuente leer críticas de diversas personas de la industria quejándose del mercado de la segunda mano, aunque también surgen esporádicos defensores de los pobres. Esperemos que la idea no se extienda por más sitios.
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