
Si hay algo que me guste más que ir a una tienda de videojuegos, mirar las portadas, tocar los periféricos, charlar con los empleados, comprar finalmente un juego y probarlo en mi casa después de tomarme un cortado por el camino y hojear el manual de instrucciones en una terraza del centro; si hay algo que me guste más que eso, decía, es que me manden el juego a casa y recogerlo directamente del buzón, porque en el fondo las tiendas de videojuegos huelen a sucio y las portadas son feas y los periféricos son de plástico malo y los empleados son imbéciles y los juegos son caros, por no hablar del café que me tomo por el camino (y ahí siempre caigo), que es malo y sabe a agua de fosa séptica.
Pero si hay algo que me guste todavía más que recibir el juego en casa, bajar al buzón a recogerlo o bajar al portal a que me lo dé el cartero, ese algo es bajármelo directamente de Internet y jugar sin tener ni siquiera que levantarme de la silla, que aunque es incómoda me permite mantenerme en mi primigenio estado de desnudez (como rhythm, juego siempre desnudo) y me evita, además, verle la cara al cartero, que es un soplagaitas y se enfada si tardo en recoger el paquete.
Still Alive DS me ha permitido jugar gratis, bien, desnudo y tirado en mi enorme cama de soltero de oro. Nota: 10. Justifiquémoslo.



