Motores ¡Motores! Necesito más motores. El goteo de información técnica y por ende inútil a los jugadores es sin embargo una delicia para los que disfrutamos más de las circunstancias del hobby que con el mismo. Veamos algunas de las últimas noticias al respecto, entiéndase como “si es buena noticia para otro sitio, lo es para Anaitgames”.
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Es automático, por muy saciado que estés después de una comida, piensas en la siguiente. Lo mismo ocurre con un partido de liga o con un plato de macarrones (y no, no me he repetido).
Desde el mismo momento en que asestas la última estocada a Bohan o el último vistazo a las blancas bragas de Nariko, se nos activa el chip del deseo y se centra en una segunda parte del juego. De hecho se habla de una trilogía y se sabe que el guión de la segunda parte ya está escrito.
Yo quería jugar a este juego. Y jugué. Yo quería que me gustase este juego, pero… en fin. Ahora os lo cuento.
Cuando Sony mostró el Hevenly Sword, me intrigó. God of war había renovado mi amor por los beat’em’ups (nunca me llegó a calar el Devil May Cry), y tenía ganas de más. Los gráficos, por lo pronto, eran brutales, y la protagonista tenía más… er… carisma que Kratos. Al menos, 120 más de carisma. Así que cuando vi que el stand de este juego estaba libre no me lo pensé dos veces y me lancé a probarlo.
Desafortunadamente, tengo que decir que me decepcionó un poco. Gráficamente está muy bien, pero se nota que la calidad visual es superior en las escenas no interactivas que en las interactivas. No es que sea un salto brutal, pero es perceptible, y rompe la coherencia del juego.
A eso le unes el hecho de que está plagado de QTEs. De hecho, tiene demasiados QTEs. Y no QTEs chulos, del estilo de romper las columnas vertebrales de los enemigos con un mondadientes, a lo God of War, sino QTEs destinados a sustuir el plataformeo o las escenas en las que no se combate (correr por una cuerda, trepar por un sitio, etc.), dando como conjunto una especie de Dragon Lair con mamporros entre las escenas de vídeo seminteractivas. Y lo peor es que luego los mamporros tampoco es que estén muy allá. No sabes qué leches estás haciendo. Aporreas botones y punto. Si te golpean o golpeas, no sabes muy bien si se debe a la suerte o a tu habilidad, e incluso peor aún: los golpes no poseen contundencia. Es como si manejaras a una mezcla entre un Kratos descafeinado y un Ryu Hayabusa disléxico.
Vamos, que no es una sensación muy buena, y por lo tanto, no es un juego muy bueno. Demonios, incluso se le nota a la legua que quiere ser un GoW (sin lograrlo). Pero hey, la protagonista sigue estando buena. Y su hermana más, y encima con un gorrito con orejas de gato. Pero vamos, yo no pagaría 60€ por eso.

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