
Pueblerinos gritando: “¡un forrrrastero!”, bailaoras de flamenco detrás de gradas metálicas para amenizar los combates de lucha, imágenes de la Virgen y los santos ardiendo en las fallas llevados por gente vestida de San Fermín… ah, España. Qué lugar tan bello y tan raro, capaz de darme morriña y dolores de cabeza al mismo tiempo.
Tras haber estado en un periplo por varios rincones del mundo, al fin vuelvo a casa. Ya he viajado mucho, y tras haber permanecido tiempo fuera, uno empieza a ver su propio país con algo de perspectiva. Sí, claro, uno es lo que es y por así decirlo, nunca se puede despegar del problema lo suficiente como para verlo con objetividad (ni lo pretendo), pero pasado el tiempo, uno ve que cosas que nos parecen “lo normal”, no lo son tanto. Y de igual manera que uno tiene que salir al extranjero para darse cuenta de que aquí se practica poco sexo, que nuestras condiciones laborales son una mierda o que en general estamos locos de atar, también uno necesita eso para ver que hay varias cosas en nuestra relación con los videojuegos que no son ni medio normales, por mucho que nos lo parezca porque es así “con todo el mundo”. Veamos si es verdad eso de que “todo el mundo” hace las cosas así, o si estamos conectados a la Matrix española. Que lo estamos, y más de lo que creemos. Comencemos disparando a la cabeza:
Seré fiel y sincero para y con mi Señor. Y amaré todo lo que él ame, y abominaré todo lo que él abomine.





