Relato de
José Fco. Valdés

El congo, 23-07-2009

Llevamos ya cinco meses en mitad de la selva, todo el día a escondidas huyendo de esos jodidos guerrilleros. El líder de la insurgencia tiene compradas a todas las autoridades, son tremendamente superiores en número que nosotros y además tienen infinidad de armamento importado desde Irak. El país está apunto de estallar y nosotros vamos a estar justo en mitad de la mierda. Os pongo en situación.

Hace aproximadamente 7 meses se montó un gran revuelo después de que un grupo de científicos estadounidenses descubrieran una fuente de energía muy potente que se obtenía con la sintetización con hidróxido de aluminio de la “Amonea Estrigeria”, una planta de características similares a las del opio que se encuentra en pleno corazón de la densa selva africana del Congo. En esa misma semana todos los científicos estaban muertos. No había que ser demasiado inteligente para darse cuenta que el enorme imperio del petróleo se vio gravemente amenazado, y no hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta que por un puñado de dólares en el Congo acabarían con cualquier persona. En principio aquella fórmula secreta para llevar a cabo la síntesis se había ido a la tumba con ellos, pero la alarma ya había saltado, tarde o temprano alguien volvería a conseguirla, ahora había que hacerse como fuera con esa planta. Como era de esperar, el gobierno estadounidense no tardó en actuar, y seguidamente nuestro actual presidente no tardó en aliarse con ellos enviando tropas para ayudar y sacar tajada. Lo que ninguno sabíamos era que nos estaban mandado a una muerte segura, puesto que en las mismas entrañas del Congo se había forjado una coalición entre los líderes del gobierno y los de la insurgencia, porque una cosa teníamos todos clara, nadie estaba dispuesto a compartir esa preciada planta.

Y es a partir de ahí cuando empezó nuestra historia, en menos de mes y medio el país estaba lleno de los mejores cuerpos de élite de cada país, como no, todos aliados con EEUU. Al principio parecía una batalla fácil, solo había que venir aquí, cargarnos unos cuantos negros, y tomar el control de toda la zona occidental del país que era donde estaba la mayor concentración de plantaciones. Lo que no sabíamos era que esos negros estaban demasiado bien preparados, y lejos de lo que todos esperábamos empezamos a caer como ratas.

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