Víctimas virtuales

Javier Méndez

Joanna se recoge en una coleta el pelo, todavía húmedo, mientras camina por el amplio pasillo que proporciona acceso al módulo central de la base. El moderado ejercicio en el gimnasio, culminado con una vigorizante ducha de agua fría, ha obrado maravillas en su entumecido cuerpo, suavizando el estrés acumulado en las últimas horas de servicio. En la realidad extendida, la percepción alterada por las conexiones sinápticas de su biocircuito le hacen contemplar la majestuosa sala Lincoln como una inmensa bóveda de trescientos metros de altura ornamentada con vívidos murales en movimiento y tachonada en todo su perímetro con gigantescas columnatas de mármol. Si desconectara su implante para ver lo que realmente perciben físicamente sus ojos, descubriría con bastante probabilidad un austero barracón de estilo militar con muy pocas concesiones al estilismo.

Con paso distraído, recorre el extensísimo pasillo central flanqueado por interminables hileras de camastros, ocupados esporádicamente, hasta llegar a su lugar habitual de conexión. Camina en silencio, pese a saber que los miles de soldados que parecen dormir inmóviles en sus lechos no pueden escuchar sus pisadas. Se sienta en el borde de su cama. De uno de los compartimientos extrae una ampolla que contiene un líquido de color amarillento y pugna por colocarla en una jeringuilla hipodérmica.

Mientras se inyecta los estimulantes neuronales que mejorarán sus reacciones en el combate recibe una alerta visual de su IA. Superpuesta sobre la visión normal, se abre una pequeña ventana en la que contempla la perspectiva que tendría en esos momentos si se diera la vuelta: en un cubículo a unos veinte metros detrás del suyo, otro de los soldados está desconectándose. Es Matt, su compañero de facultad. Como se encuentra a punto de conectarse, Joanna ignora la alarma.

Incremento metabólico del 54%
Capacidad respiratoria al 128%
Presión sistólica, 16.2

Sobre su visión van escupiéndose los datos tomados por el biocircuito a medida que la epinefrina sintética hace efecto en su organismo. Cuando finalmente recibe el visto bueno de la IA, Joanna reposa la nuca contra el suelo almohadillado del catre, del que se alza una conexión sináptica que se introduce en la base del cráneo y conecta al biocircuito con la inteligencia artificial de la base. De inmediato, su visión cambia.

Seguir leyendo.