—¿Dónde está mi petaca?
—¿Cómo dice señor?
—He dicho que dónde está mi petaca.
—No lo sé señor, ¿seguro que no la lleva encima?
—¡Hostia puta Travis! —Ese mocoso empezaba a tocarme las pelotas
—Discúlpeme señor, quizá se la dejo en la otra trinchera.
En la otra trinchera... acababa de jugarme el culo con toda mi unidad para retroceder menos de cien metros, esos jodidos alemanes nos estaban dando bien, Jackson y Ramírez acababan de morir en el paseo y a mí no se me ocurre otra cosa que olvidarme la petaca en la puta trinchera.
—Necesito un trago... ¿Lleváis alguno algo de whisky?
Dos o tres me respondieron, supongo que al resto aún les pitarían los oídos por esas malditas granadas y ni siquiera me oyeron. Nadie llevaba nada.
—Hawke.
—Señor.
—¿Cuánto queda para que lleguen los refuerzos?
—En la radio aseguran que menos de cinco minutos.
—Vale, tengo una id—una bala silbó junto a mi oreja.
—¡AQUÍ VIENEN!