Atrincherados detrás de sus barricadas esperaban con frialdad el mal paso de su adversario. Ella, sin mostrar ni un atisbo de impaciencia, esperaba en la cocina refugiada detrás de sus cacharros, sartenes, paños, utensilios varios y ese gran almacén de comida llamado nevera. Allí aguardaban varios tesoros que sólo el paladar de él reconocía como auténticos manjares. Él en cambio, se mostraba nervioso en su empalizada, detrás de su Xbox. Con su arma letal en las manos era capaz de acabar con cientos de enemigos. Nadie como él sabía utilizar el mando. Pero enfrentarse a ella era otra cosa, acercarse a la cocina sin que ella se diera cuenta, era una misión que ni Snake lograría. Ese era un territorio que ella dominaba con mano de hierro, cuyos olores y fragancias a él le fascinaban, aprendidas con el Cooking Mama de la DS. Sabía que su petaca de Whisky se encontraba enfriándose en el congelador. Horas de masacre con el Call Of Duty 4 le habían hecho entrar en calor y nada mejor que un trago de Jack Daniels de la petaca podría calmar su sed. Pero no sabía como sacar de allí a su adversaria. De repente alguien picó a la puerta, cáspitas eran sus suegros, entonces se le ocurrió que decir:
—Cariño, acabo de apagar la Xbox. Seguro que tus padres querrán jugar una partidas de bolos contigo.
—Por qué no vienes aquí a jugar con tus suegros —dijo ella.
—Ves poniendo el juego, voy un momento a la cocina. —Al fin pudo hacerse con la petaca de Whisky y acabó de un trago con su contenido.
—Por cierto amor, saca la petaca de Whisky del congelador, la tenía preparada para mi padre.....
—XD.....