
Hoy es un día importante, el ¿triste? final de algo magnífico. Hoy se publica en los Estados Unidos —¡y en Canadá!— Scott Pilgrim's Finest Hour, el sexto y último volumen de esta brillante serie de cómics obra de Bryan Lee O'Malley.
Pronto
Esta pequeña joya descargable de Ubisoft y Closed on Mondays tiene tanto de yo contra el barrio clásico como de homenaje al propio género. A su vez, más que basarse en la obra original que también, y de forma impecable, le rinde tributo. Así de genial es su planteamiento y no muy lejos se queda su ejecución.
? ? Ramoooonaaaaaaa, te quieeeeeeerooooo ? ?
Scott Pilgrim, en los libros, en el cine y también aquí, es la historia de este chaval canadiense que se enamora a primera vista de Ramona Flowers, una repartidora ninja, sin saber que para poder estar con ella deberá enfrentarse y derrotar a sus siete ex-novios malignos.

En el juego no se nos dice mucho más: una breve secuencia de introducción, en plan Final Fight y similares, es todo rastro de narrativa que encontraremos. Las escenas se suceden sin explicaciones, porque esto antes era así y porque, aunque las hay, no son imprescindibles aquí y es responsabilidad de otros medios presentarlas. Habrá quien diga que esto es un error, pero yo, que no soy tan simpático, creo que si no te has leído los cómics 1, el problema es tuyo y no del juego.
Evidentemente, la cosa gana muchísimo cuando pillas todas las referencias, cuando reconoces a todos los secundarios que aparecen de fondo, pero sigue siendo un muy buen beat'em up incluso fuera de un contexto tan awesome como el que tiene.
Al principio puede parecer y parece ligeramente lento y algo limitado golpe medio, golpe fuerte, salto, bloqueo y un par de ataques especiales, pero se trata del primer peldaño en la progresión del personaje; nuestros atributos mejoran con ciertos objetos que compramos en tiendas perfectamente integradas, a veces a modo de casi-secreto, en cada pantalla y al subir de nivel aprendemos nuevos movimientos. Al rato tenemos más recursos de lo que es habitual, y podemos realizar contraataques, presas, golpes sobre enemigos derribados...
No faltan, claro, los bates de béisbol y los elementos del mobiliario urbano con los que fostiar a los matones. Estos objetos tienen una física, una tendencia exagerada a salir disparados, de modo que podemos lanzar un cubo de basura a alguien y golpearlo en el rebote para que vuelva a darle. Está curioso.

Finalmente tenemos los ataques que consumen Puntos de Coraje: el ataque con la ayuda de Knives, el típico golpe en todas las direcciones y un ataque cooperativo que, como indica su nombre, sólo se puede realizar con amiguetes hasta cuatro jugadores, recordad.
Los elementos encajan bien para dar, al presentarles una dificultad ajustada y unos niveles bien diseñados, un sistema divertido y muy efectivo, especialmente si tenemos a alguien más al lado y muy al lado, porque no hay modo online 2. No nos vendrá mal, porque el juego no es fácil. O no tiene una dificultad convencional, en todo caso, pues nos obliga a terminar cada pantalla sin gastar continuaciones. Si se acaban las tres vidas más largas de lo habitual, porque los Puntos de Coraje pasan a ser Puntos de Vitalidad cuando se nos gastan por primera vez, toca volver a empezar esa fase.
Así, es realmente complicado avanzar "a la primera", y tocará repetir niveles los que queramos, podemos movernos hacia atrás en el genial mapa de Toronto para mejorar lo necesario. Esto puede llegar a rallar un pelín, especialmente si tenemos en cuenta que la experiencia y el progreso es independiente para cada uno de los cuatro personajes jugables Scott, Ramona, Kim y Stephen Stills, el talento del grupo 3, cada uno con sus ligeras diferencias es independiente en cuanto a progreso, pero no deja de ser una manera de alargar la duración.

En lo audiovisual, ya lo habréis visto y oído, Scott Pilgrim contra el Mundo es una jodida delicia. Es de lo más bonito que he visto en mucho tiempo gracias a la maestría de Paul Robertson, que traslada de la mejor manera posible el dibujo de O'Malley sin renunciar a dejar su sello esos poderes veganos de Todd y reivindica las auténticas 2D putos juegos en Flash con píxeles y pixelotes maravillosamente coloreados y animados. Bravo también por la música de Anamanaguchi, convenientemente retro.
Salvo que todo se tuerza al final, Scott Pilgrim contra el Mundo es todo lo que prometía y más. El amor y el respeto por la fuente original son tan omnipresentes como los guiños a otros juegos. Mucho me temo que es el videojuego que Scott querría protagonizar y el juego que muchos de nosotros habríamos pensado en hacer si nos hubiese tocado dirigir el proyecto. Es, en el mejor de los sentidos y de un modo explícito, un juego como los de antes, de los que se hacen pocos hoy, de los que te hacen sonreír al mostrarte algo tan tonto y tan necesario como una nube con ojos y boca.
¿Qué más se puede pedir? Pues que llegue el paquete de Amazon.ca y pueda jugar las dos pantallas que me quedan sin temer por los spoilers.

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