
Es cosa tradicional en mi vida el ser un segundón, y por eso resulta que llego tarde para contaros las cosas jugosas de Red Dead Redemption, que para eso hizo Álber una extensa y estupenda preview hace no mucho en ésta, vuestra página amiga. Quiero decir, él ya dijo lo importante: hay furcias, alcohol, poker, peleas, disparos, sangre, sudor, timadores y cuatreros. No se le puede pedir mucho más a un juego, salvo quizás cuadrunees o desfiles así por nomaqs, pero eso sería ya abusar. Sabiendo que el juego goza de la presencia de todos estos elementos, sólo podemos imaginarnos a Red Dead Redemption en nuestro salón, con expresión suplicante diciendo Tú me completas, a lo que todo anaitero de pro debiera contestar Calla... me tenías con el hola.
Sin embargo, las relaciones entre AnaitGames y Red Dead Redemption van más allá del común gusto por las meretrices y la vida disoluta del bandolero medio, puesto que la historia de su protagonista John Marston quieran o no los guionistas reconocerlo está evidentemente inspirada en la biografía de nuestro querido compañero pinjed: también él fue un asesino implacable en el oeste de principios de siglo, y también se reformó, al menos durante un tiempo, y luego se vio obligado a poner sus ansias asesinas al servicio de las autoridades. Así que, gracias a lo nuevo de Rockstar, podremos revivir los años mozos de nuestro redactor favorito, en aquella época en la que disparaba primero y preguntaba después (ahora ya no pregunta, son cosas de la edad). Lo lógico hubiese sido enviarle a él a probar el nuevo código del fantástico juego Western que es Red Dead Redemption, pero parece ser que unos malentendidos con la mafia calabresa le han obligado a adoptar un perfil bajo en estos últimos meses y, de este modo, Pep y Xavi que cobran un generoso subsidio público por emplear a deshechos sociales como yo me propusieron acercarme a las oficinas de Rockstar para ver cómo es eso de ser el joven pinjed durante un rato.

Así que tuve la suerte de ver unas cuantas misiones nuevas, empezando por una en la que John Marston le echa una manita al ejército mexicano dirigido en este caso por un proxeneta de alta gama para sofocar una revuelta rebelde. El resultado no podría haber sido más satisfactorio: hay más tiros y muertos que en el cumpleaños de Cristiano Ronaldo, más explosiones que en la comunión de la hija de Michael Bay y más mexicanos sudorosos y hechos polvo que en el sótano de una fábrica de la General Motors. La facilidad e inmediatez con la que se maneja a pinjed es asombrosa y, gracias a un sistema de semi-apuntado que la gente de Rockstar asocia al de Modern Warfare 2, los enemigos caen a un ritmo de 300 bpm. Podremos optar por la elegancia del headshot con el revólver, el brutal empuje del rifle de caza, el destrozo pulposo de la recortada... Lo de siempre, vamos, pero a una velocidad de espanto porque Red Dead Redemption, cuando se lía la manta a la cabeza, te manda puñados de enemigos a la vez.
Con la satisfacción del trabajo bien hecho, dejamos las pilas de mexicanos rebeldes al sol para que los buitres se las coman y podemos subirnos a lomos de un jumento que nos lleve a recorrer Nuevo Paraiso. Al subir por la colina la vista es todo un espectáculo: la distancia de dibujado es impresionante, igual que la luz. Así que echamos a andar y pronto nos encontramos con un granjero agazapado tras una roca. Resulta que una banda de tipejos ha secuestrado a su hija y la tienen en una pequeña granja, unos metros más adelante en el camino. Nos pide ayuda y pensamos ¿qué haría pinjed?, así que nuestro primer instinto es darnos media vuelta, pero reconsideramos la posibilidad de matar indiscriminadamente y sin consecuencias a nadie le importarán unos cuantos bandoleros muertos, agarramos el cesto de las chufas y la liamos parda. Ya que estamos, probamos el Dead Eye: ralentizamos el tiempo, elegimos los blancos, apretamos el gatillo y caen como moscas. Diría que es una exageración y una imposibilidad física si no se lo hubiese visto hacer yo mismo al pinjed auténtico, así que hay que reconocer que en Rockstar ha mostrado una fidelidad al material original digna de elogio. Resultado: la chica vivirá por siempre enamorada de nosotros y saquearemos la granja en busca de oro y balas, el desayuno de los campeones.

La siguiente misión, también inspirada en un episodio clásico de la vida de pinjed, incluye reunirnos con un alcohólico depravado hay quien sugiere que puede ser un trasunto de chiconuclear, que nos guiará a una mina de la que podremos rescatar un precioso cañón Gatling con el que iniciar quién sabe qué tropelías. Despachar a los muchos cuatreros que aguardan fuera de la mina es cosa fácil y muy divertida, con estilosas ejecuciones a corta distancia (de esas de clavarle el cañón a alguien en el estómago y empujarle plomo a toda velocidad dentro, vamos), gente ardiendo e insultando, recargas apuradas, coberturas destructibles... El interior de la mina es otra cosa: aprovechar las cajas de dinamita, saltar de cobertura en cobertura, plantearse el orden adecuado para cepillarnos a los rednecks y abrirnos paso hasta donde está la Gatling, cargarla en una vagoneta y echarla a rodar raíles abajo mientras nos enganchamos a ella y vamos repartiendo tiros a la gente que nos sale al paso. Imaginadlo como una montaña rusa en los suburbios de Baltimore: that's how we roll.
Si aderezamos todo esto con unas interpretaciones fabulosas, unos gráficos potentones que aun en fase de prueba ya querrían el 80% de los juegos actuales (y más aún siendo un sandbox), un diseño artístico acertadísimo, un mapeado literalmente inmenso y la promesa por parte de Rockstar de que va a venir petado de misiones, encuentros aleatorios y animales que cazar, entonces la cosa pinta de lujo, amigos: si os gustan los sandbox, éste os va a volver locos. Si no, os van a empezar a gustar. Lamentablemente, y ésta es nuestra única queja, no se han incluido en el juego muchos sucesos interesantes de esa época en la juventud de pinjed, cosas que le han hecho el adorable anciano descuartizador que es hoy en día. Desde Rockstar nos dicen que es porque quieren poder sacar el juego en Alemania y Australia sin cortarlo, y les creemos: la vida de nuestro amado cenobita es demasiado para el PEGI 18+. Quizás veamos algo en la secuela, o quizás hay cosas en esta vida que es mejor no ver.

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