
La mezcla, como concepto, es un arma de doble filo. La falsa premisa de que juntando dos cosas buenas se obtiene una mejor es culpable de cargos como amargarnos alguna que otra noche famoso whisky con Nestea o regalarnos juegos realmente malos.
Pero eh, ciertas combinaciones pueden salir muy, pero que muy bien. Tal vez valga la pena arriesgarse.
Todo esto lo digo porque Borderlands es, básicamente, una gran mezcla. FPS y rol, Fallout y Halo, Mad Max y cualquier otra peli con monstruos en lugar de pandilocos todo agitado. Imaginad una gran navaja multiusos en la que hasta el maldito destornillador es un arma de doble filo.
El título de Gearbox nos lleva a Pandora, un planeta que comparte con el de Avatar el nombre y la presencia de bichejos. De haber sabido que éstos iban a despertar de su letargo, probablemente los colonos se habrían quedado en casa. Pero allí estaban, para explotar los recursos del planeta, y allí siguen, la mayoría totalmente chalados y con unas ganas de matar que no son del todo normales.
Nuestra misión: encontrar La Cámara, una especie de reliquia, para solucionarlo todo y y voy a dejar de mirar la Wikipedia y pretender que me he fijado en el argumento, porque no. Eso, en el análisis.
Lo que sí sé es que lo primero en Borderlands escoger uno de los cuatro protagonistas que nos presentaba el último tráiler. Cada uno con su estilo y sus habilidades se diferenciarán cada vez más a medida que van subiendo de nivel, pero con la misma historia, las mismas misiones de otro modo no podría haber cooperativo para cuatro y, hasta donde yo he visto, las mismas armas.

Claptrap, el gracioso robot amarillo, nos lleva por un tutorial que viene a decirte ei, se juega exactamente igual que a Call of Duty. Botón por botón. Me parece bien.
El siguiente en aparecer el el Dr. Zed, médico del lugar. Él nos encarga las primeras misiones, que servirán para captar rápidamente la estructura del juego: misiones principales y secundarias, con objetivos en distintos puntos del extenso mapeado ¿hacía falta decir que esto era un sandbox?, vehículos en plan Halo y recompensas varias. Todo esto nos suena ya un montón, así que igual mejor hablar de lo que hace diferente a Borderlands: la parte rolera y sus 87 bazillones de armas.
Cuando al disparar a un enemigo salen más numeritos que sangre que también, sabes que algo no es como siempre. ¿Experiencia y niveles en un juego de disparos en primera persona? Pues sí, justo eso. Por cada muerte recibimos puntos para llenar una barrita que al llegar al extremo derecho nos hace subir de nivel; más vida, más fuerza, más resistenica y puntos de habilidad para repartir como queramos. En el caso de Brick, por ejemplo, podremos potenciar su especial, que le permite entrar en un modo tó loco y repartir puñetazos demoledores durante unos segundos, aumentar atributos defensivos o convertirle en un experto en explosivos.
La gracia está en que también los enemigos tienen niveles. Y un grupo de Skags una especie de perro malo interestelar de nivel 8 es más o menos lo mismo que una puerta cerrada cuando nosotros estamos a 4. Es algo hasta cierto punto original y que sin duda puede funcionar, pero tiene también sus problemas.
Si algo detesto en los juegos de rol es lo de tener que pasar más tiempo del que me gustaría en una zona concreta para ganar la experiencia que me hace falta para pasar a la siguiente. Tampoco me gusta un pelo que, siendo de nivel 15, los mismos malos de nivel 1 vengan a tocarme las narices. ¿No ves que no? El mísero 1 XP que te darán no vale ni una bala en la cabeza.

Hay un poco de ambos defectos en Borderlands. Muy poco del primero, por suerte, pero algo más del segundo. Supongo que la cosa mejorará con el mapa entero gran parte es inaccesible en la versión preview, pero hay que dedicarle tiempo a equilibrar eso. Y, sobre todo, hacerlo flexible para que funcione en un multijugador, con cuatro online o con dos a pantalla partida en vertical, en el que la gente del nivel que sea puede entrar y salir cuando quiera y en el que todos ganan experiencia aunque sólo mate uno.
En cuanto a arsenal, sí, hay muchos rifles, escopetas, lanzamisiles y granadas, pero con matices, como era de suponer. Muchas son ligeras variaciones; de otro color, con o sin mirilla de precisión, con un poco más de cadencia de disparo Pero sería injusto decir que no se ha trabajado en ese aspecto. Hay variantes claramente diferenciadas, especialmente cuando se asocian a un elemento. Hay munición incendiaria, eléctrica, corrosiva e incluso sanadora, para curar colegas a distancia.
La cantidad de armas que podemos llevar en el inventario es limitada, y las que podemos tener a mano, todavía más. Dos al principio, hasta cuatro con el tiempo una por dirección del D-Pad. Lo malo es que vas recogiendo tantos objetos que los bolsillos se llenan rápido y como no puedes vender a distancia, tienes que estar tirando y organizando armas con más frecuencia de la deseable.
Tal barbaridad de pistolicas, por cierto, se encuentra en armarios específicos, en el suelo, bajo una pila de huesos, en máquinas expendedoras También allí compramos escudos, de vital (juas) importancia. La cosa funciona como en la primera aventura del Jefe Maestro: el escudo se regenera con el tiempo, pero si recibimos demasiado lo que empieza a mermar es la vida, que sólo se recupera con botiquines.
Pero morir tampoco es un drama. Cuando la salud llega a cero, tenemos unos agonizantes segundos para intentar matar a un enemigo antes de caer del todo. Si lo conseguimos, nos dan un poco de salud y aquí no ha pasado nada. Si no, unas prácticas balizas reconstruyen nuestro cuerpo por un módico precio y aquí no ha pasado nada. ¿Demasiado fácil? Pues una vez más, ya veremos.

La personalidad de Borderlands viene también definida por lo visual. Si habéis visto vídeos, poco os puedo decir. El aspecto cel-shaded, parecido al de Prince of Persia, queda de perlas y la dirección artística le saca buen partido. A veces hay demasiados efectos, lucecitas y colores en pantalla para mi gusto, pero igual no para el vuestro. Fallos más objetivos también los hay, como algunas animaciones mejorables y, como mínimo en la versión para 360, caídas de frame rate puntuales pero evidentes y molestas y algunas texturas que tardan casi medio minuto en aparecer más que nada al empezar la partida, eso sí. No hay motivos para pensar que estos dos últimos puntos no se van a mejorar en la versión final, especialmente pudiendo instalar el juego en el disco duro.
Lo único que me parece avanzable sobre el sonido es el doblaje al castellano, bastante bueno.
Es muy probable que Borderlands no hubiera resistido la comparación con presuntas bestialidades como Modern Warfare 2 como FPS puro y duro. Pero no lo es, y por eso es de los pocos que ha tenido huevos para quedarse en octubre en lugar de irse a 2010 con el rabo entre las piernas. Sus grandes dosis de RPG y sus peculiaridades me han parecido, en general, aciertos. Sin embargo, después de unas ocho horas en Pandora y algo me dice que me quedan muuuchas para llegar al final; ni siquiera he visto al monstruo-vagina tengo un par de razones para pensar que los principales problemas podrían llegar también por ahí, por esas características diferenciadoras. Ojalá no sea así, porque la cosa promete.

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