Chiller (1988)
Es posible que estemos ante el juego más violento de toda la historia de los videojuegos. Y no lo digo por los gráfico de sus escenas, si no por algo más intrínseco, más profundo. En la mayoría de juegos, la violencia suele estar mínimamente justificada o al menos algún asidero lógico al que aferrarse. Y aunque en Chiller te daban puntos, éstos no dejaban de ser algo meramente testimonial a lo que no prestabas ni la más mínima atención.Desarrollado por Exidy (sí, otra vez los mismos de Death Race), nos daba la tradicional pistola de infrarrojos y nos ponía delante de una pantalla en la que, a diferencia de otras ocasiones, no aparecían terroristas, bandidos o monstruos a los que abatir heroicamente. Lo que veíamos era un grupo de personas amordazadas en distintos escenarios (una mazmorra, un cementerio, un callejón...) y con nuestra arma debíamos torturarlos sin ninguna razón aparente. Podíamos arrancarles la carne a tiros, decapitarles, cercenarles extremidades, o activar distintos aparatos de tortura como una guillotina o una prensa que convirtiera la cabeza de nuestra víctima en un Bubaloo aplastado.

La brutal ultraviolencia desplegada en el Chiller para recreativas fue drásticamente recortada en su port para NES, en el que nuestra bendita Zapper del amor se transformaba en un instrumento de dolor y sufrimiento bastante menos gráfico que en el original. Uno de los cambios de una versión a otra, eso sí, resultaba francamente perturbador. Y es que, según la Wikipedia, el monje que arrastra una carreta llena de miembros amputados fue sustituido por una monja empujando un carrito de bebé a la que, válgame el Señor, también podíamos tirotear implacablemente. Si no fuese porque Chiller también fue lanzado sin licencia, muchos aún estaríamos preguntándonos aún si Nintendo intentaba decirnos algo.
NARC (1988)
¿Os habéis fijado en la cara que pone la gente al enterarse de que en un Grand Theft Auto se pueden matar prostitutas? Esos ojos como platos, esos pelillos de punta, esa mirada de desconcierto. No pueden creer que en un videojuego, un juguete, pueda cometerse tal atrocidad. Pues ahora podéis dejarles aún más estupefactos diciéndoles que no es el primer juego en el que las señoras de la calle son víctimas de las circunstancias. En NARC, un shooter para recreativa desarrollado en 1988 por Williams Electronics, no sólo podíamos disparar misiles contra una multitud de enemigos y disfrutar de una refrescante lluvia de pedazos de sus cuerpos envueltos en llamas, sino que también podíamos llenar de plomo a las putas que se cruzaran en nuestro camino. Esto sí que es innovar.

Como curiosidad, añadir que en el reboot de NARC que salió en hace cinco años para PS2 y Xbox se añadió otra la mar de sugerente: al confiscar los alijos de droga de los narcotraficantes, podíamos llevar los paquetes al almacén de pruebas de la policía o quedárnoslo para nuestro propio consumo, que nos proporcionaba mejoras en atributos como la precisión en el disparo, o incluso venderla en la calle. Con dos cojones.
Harvester (1996)
Si os fijáis, ninguno de los juegos que he repasado en esta lista es especialmente conocido. Es evidente que he obviado títulos relativamente recientes o más presentes en la memoria colectiva como Carmageddon, Mortal Kombat o Soldier of Fortune. Sin embargo, con Harvester me veo obligado a dar un pequeño salto en el tiempo, hasta medidados de la década pasada, para echar abajo uno de los argumentos más bregados de los anti-videojuegos: el creciente realismo visual en la representación de la violencia.
A estas alturas de la vida en las que podemos ver en un juego con todo lujo de detalles cómo un perro le arranca las pelotas a un punki, es lógico que muchos le echen la culpa de la persecución antiviolencia a la evolución gráfica. No es lo mismo reventarle la cara a golpes a un vagabundo en Condemned 2 que atropellar a un tío formado por cuatro palos y un círculo en Death Race. Y es por eso que las prohibiciones se han ido extendiendo a lo largo de los últimos años, porque ahora la ficción del videojuego se muestra con una verosimilitud y una eficiencia para con el realismo que el estómago de algunos no puede soportar. Sin embargo, eso tampoco es algo nuevo, por mucho que los detractores quieran proponerlo como el paso previo a salir a la calle con un atizador y abrirles la cabeza a cuantos transeúntes se nos acerquen.
Durante los primeros años noventa, empezaron a popularizarse los juegos en los que las aparecían escenas filmadas por actores (como quien dice) reales. Seguro que muchos recordáis el horroroso Night Trap para el Mega CD de SEGA. Pues bien, uno de los primeros en aprovechar esta característica para mostrar gore fue Harvester, una paupérrima aventura gráfica para PC en la que tomábamos el papel de un tío que despierta con amnesia en un pueblecito en 1953. Para descubrir qué carajo ocurre, sus vecinos le recomiendan que se una a la siempre imprescindible secta local, en cuyo seno hallará respuestas a sus preguntas. Pero, ah, nada es gratis en esta vida y si nuestro protagonista quiere formar parte de la orden, deberá realizar una serie de tareas que se encomendarán como proceso iniciático. Los deberes en cuestión van desde romper escaparates o pintar grafitis en edificios públicos, hasta apuñalar, disparar, despedazar, torturar, triturar o canibalizar a hombres, mujeres, niños, ancianos y bebés. A este par de ejemplos me remito (ojito que son fuertes):Además de esto, Harvester incluía referencias a la masturbación, el sadomasoquismo, la prostitución y ridiculizaba a homosexuales y diversas minorías étnicas. Ante tal despliegue de mala leche, los guantazos no se hicieron esperar demasiado y cuando se presentó su primer tráiler en el CES de 1994, la gente se escandalizó y prácticamente lo crucificó antes siquiera de probarlo, algo no exento de cierta ironía si tenemos en cuenta que el CES se celebra desde hace años, casualmente, en el mismo lugar y las mismas fechas que los AVN Awards, la feria porno más importante de América. Los informativos estadounidenses tampoco pudieron resisitirse a tan jugoso bocado, e incluyeron a Harvester en un reportaje que intentaba vincular las conductas agresivas con los videojuegos violentos. Finalmente, el juego fue prohibido en Alemania, censurado en Reino Unido y habría salido a la venta en Australia si no fuese porque su distribuidora se acojonó y se echó atrás.
Tenían la seguridad de que no duraría en las tiendas ni dos telediarios. Literalmente.

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