
Oi, como va tudo lá? Esta vez, y aprovechando la coyuntura, Gaming Around the World tratará sobre uno de mis países favoritos: Brasil.
Macizas buenorras, jugadores de fútbol más feos que un aborto de calamares, caiprinhas... con semejante panorama, ¿los brasileños pierden el tiempo jugando a videojuegos? Pues claro que sí, hombre. Algo tenían que hacer en la estación lluviosa a parte de achicar lodo. Y es que Brasil tiene bastante cultura videojueguil, o al menos, más de la que pudiera aparentar a simple vista, lo cual es bastante loable: los videojuegos son un lujo en todas partes, y aquí no van sobrados de dinero precisamente. Peeeeero, donde hay ganas, siempre hay un modo de hacer que las cosas vayan adelante.
Si ya España es el país de la piratería, en Brasil eso está llevado al extremo. Las consolas y juegos originales son algo raro de verse, no digamos ya de poseerse.

Tengamos en cuenta que aquí la PlayStation 2, consola de la current-gen brasileña, vale la friolera de 600 reais (unos 250 euros, para que os hagáis una idea). Y no, los sueldos no acompañan, precisamente. ¿La next-gen? (sí, aquí sí que se debería llamar así) 1.500 reais una Xbox 360 (650 euracos) y mejor no hablemos de la PS3 Y sí, bueno, uno puede llegar a ver alguna Wii o PS3, si se lo propone. En las tiendas de los barrios ricos las tienen expuestas a precios que os harían estallar la cabeza.
¿Y a qué se deben semejantes costes? Veréis, esto no siempre ha sido así. Antes, Nintendo y SEGA competían en este mercado con su NES, Mega Drive y demás, y vendían las consolas a un precio similar al europeo. Hasta que de la noche a la mañana, y por obra y gracia de políticos incompetentes, se les puso una tasa de impuestos brutal a las consolas para proteger la industria nacional (léase: Phantom System y demás consolas marcianas autorizadas por Nintendo con varios juegos ya metidos en la memoria, o MalandroZ), y su venta dejó de ser rentable. Vamos, que si querías una, te la tenías que pillar de importación porque ya no lo las distribuían. De ahí que no sea de extrañar que la generación que más marcó a Brasil fuera la de los 16 bits. Mario, Chun Li o Sonic siguen siendo más populares que Jefe Maestro o Snake, de eso podéis estar seguros.

Y es que éste resulta un país la mar de particular para esto de los videojuegos. No sólo ya por el modelo económico, en el que es bien normal jugar a los juegos en tiendas de alquiler de PlayStation por horas (o si tienes dinero para un equipo potente, montarte en la ola de los emuladores), sino por los gustos. ¿O creíais que sólo hay gusto occidental y oriental para esto de los jueguicos? Pues no. El gusto latinoamericano existe tanto para juegos como para la música, y es algo francamente curioso. Y el que nos ocupa es bastante mejor que el musical, dicho sea de paso.
Para empezar, hablemos del género rey. No, no me refiero al fútbol, aunque también es de lo más popular por aquí. El género que más triunfa por estas latitudes es, curiosamente, un género que parece de capa caída en el resto del mundo: los juegos de lucha.

Street Fighter, Tekken, The King of Fighters... los juegos de lucha son a los brasileños lo que los FPS son a los yanquis. Ni juego online, ni MMORPG ni leches: vas a casa de un amigo, pones el MAME/PS2, sacas una botella de Brahma del congelador, conectas el pad y a ahostiarse. Ahí tienes una tarde friki a la brasileña. Resulta pasmoso cómo hasta las zagalas que juegan ocasionalmente una partida a dobles con sus novios son capaces de sacar combos, movimientos especiales y coreografiar luchas que ríase usted de Jet Li.
Otro género bastante popular (aunque no tanto como los juegos de fútbol o los de lucha) es el de los JRPGs. Con una peculiaridad: aquí el rey no es el Final Fantasy ni el Dragon Quest, sino el Phantasy Star de SEGA. Cágate lorito.
Ahora os preguntaréis que cómo es eso posible. Bien, yo creo que si hay una verdad en esta vida es que como enseñó Hitler, quien golpea primero, golpea dos veces. Y quien se arriesga, gana. ¿Adivináis cuál fue el primer RPG traducido íntegramente al portugués? Pista: no fue un Final Fantasy. En efecto, el Phantasy Star fue el primer JRPG accesible para el público brasileño. Y con ese movimiento, SEGA se aseguró una comunidad de fans rabiosos en Brasil que ríase usted de los del Pro.
Imaginad un cruce entre seguero no-resentido (la Gigadrive con cientos de juegos de SEGA memorizados se sigue vendiendo por aquí, así que a efectos prácticos SEGA no ha muerto) y los fanboys del Final Fantasy. Acojona, ¿eh? Pues ese es el fan de SEGA de estas tierras.

Por otro lado, tenemos ciertos géneros y consolas que nunca han llegado a calar por estas tierras. Sobre todo lo que son géneros PCeros más cerebrales como la estrategia o las aventuras gráficas. Con decir que no conocen el Monkey Island... Nuff said.
Luego está el tema de las portátiles. Ni si quiera la Game Boy tocho llegó a tener mucho éxito. No mola nada eso de llevar objetos de valor a la vista por las calles de Rio, en serio. Sin embargo, y contra todo pronóstico, sí que ha aparecido una portátil que ha empezado a hacerse un hueco en Brasil: la DS (tocho). La combinación juego 2D clásicos de los 16 bits + flashcards + apariencia de aparato no muy caro y por lo tanto, no muy digno de robar + WiFi para jugar con los colegas cara a cara sin cables + precio razonable (para lo que son las consolas allí) + viajes de varias horas en un país enorme como éste = exitazo, claro.
Y bueno, poco más que contar. Que Sudamérica is different en general y Brasil en particular. Eso, y que las brasileñas haciendo cosplay de Mai valen más que cualquier exclusiva yanqui.
Próxima parada: ese bizarro país llamado España.
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