Hace unos días, Pep nos mostraba un bochornoso caso de product placement en el que Clark Kent saltaba como un mono por el comedor de su casa mientras jugaba al Natal en la aún más bochornosa Smallville. Fue un momento de vergüenza ajena que se ha repetido durante muchos años en la televisión y, en menor medida, el cine. Pero el extremo más salvaje de esta práctica mercadotécnica es posible que se haya alcanzado con la película de la que pienso hablaros hoy, The Wizard, considerada por muchos (en realidad sólo por mí, pero, como líder de opinión que soy, ya estais de acuerdo conmigo aunque no lo sepáis, así funciona esto) el anuncio promocional más largo de la historia de Nintendo con una duración de nada menos que 100 minutazos clavados. Es la escalofriante exactitud de la gran N, la precisión de El Mal en su forma más pura y terrible.
Pero antes de nada, repasemos antecedentes: The Wizard se rodó en 1989 en California partiendo de un guión de David Crisholm, un señor que sólo asomó la cabeza del oscuro abismo del telefilme para regalarnos esta fábula nintendera y volver al hoyo inmediatamente cual comadreja asustada (y sin talento); en la silla de director reposaba el pensilvano trasero de Todd Holland, cuyo futuro estaría igualmente vinculado a la dirección de comedias para la televisión y algún que otro capítulo suelto en series como Twin Peaks, Felicity, Friends, Malcolm in the Middle, Las aventuras de Bill y Ted o Historias de la cripta; y en pantalla se alzaba un triumvirato de actores de tercera regional como Fred Savage (el niño de Aquellos maravillosos años 1 ), Beau Bridges (cuando eres bajito, gordo y poco agraciado, tu fracaso puede quedar aún más patente si tienes la mala fortuna de ser hermano de Jeff Bridges) y, todos en pie, el incombustible Christian Slater, el único actor con las dotes interpretativas suficientes como para bordar el papel principal en una biopic de Mark Wahlberg.

La historia, como suele ocurrir con las comedias infantiles de la Universal, es insultantemente simple: Jimmy Woods 2 es un niño con severos problemas de comunicación que le convierten prácticamente en autista. Ante la decisión de su madre de enviarle a un hogar para niños con problemas, su hermano Corey decide sacarle del centro y llevárselo a California. Mientras, el hermano mayor de ambos y su padre inician su búsqueda por varios estados, compitiendo con un amoral detective privado especializado en desapariciones de niños que ha contratado la madre. En su periplo, Jimmy y Corey unen fuerzas con Haley, una niña víctima de las desatenciones de su padre, y descubrirán que el extraño chavalín tiene una habilidad casi sobrehumana para sacar grandes puntuaciones en cualquier videojuego, así que deciden aprovechar esto y hacerle competir en un multitudinario torneo de videojuegos llamado Video Armageddon cuyo premio asciende hasta los 50.000 dólares de los de entonces.
Lo primero que llama la atención a nivel narrativo es que, por algún motivo que se escapa a la razón, la comic relief (la expresión que usan los angolosajones para hablar de los momentos cómicos para rebajar la tensión de un relato) está completamente invertida. Me explico: la historia tiene dos tramas claramente distinguibles: por un lado las aventuras de los tres infantes, y por el otro la tensa búsqueda de éstos por parte del hermano mayor y el padre. Aquí cualquier mente que se rija por impulsos lógicos habría visto dónde poner las risas y dónde la carga dramática. Pues no. Parece que Crisholm quiso darle un toque de transgresión a su guión y decidió que la desesperada batida que lleva a cabo el progenitor de los críos no sea más que una sucesión de escenas cómicas en las que destaca una infantil competitividad con el investigador profesional, desembocando en una persecución ridícula digna de un capítulo de Dukes of Hazzard o una road movie para adolescentes descerebrados. Sin embargo, lo que debería ser un viaje de descubrimiento y diversión sin límites acompañando a los tres gamberretes prepúberes, resulta ser un jodido valle de lágrimas en el que somos testigos de abusos físicos múltiples, desazón, injusticia y un abanico de trapos sucios que van desde núcleos familiares destrozados por el divorcio, hasta un trauma por la muerte accidental de una niña, pasando por una madre corista y ludópata de vida disoluta. Un dramón de tres pares de cojones, vaya.

Pero no nos enredemos en disfunciones narrativas y guiones escritos por una nutria borracha. Filmageddon se caracteriza por explorar el lado videojueguil de las películas, y lo cierto es que a The Wizard los juegos le salen por las orejas. Eso sí: aunque no se pronuncia excesivas veces el nombre de la compañía, da la sensación de que en la descorazonadora realidad que nos plantea el film, los únicos videojuegos que existen son de Nintendo. Y punto pelota. No sólo eso: la única consola del planeta es la célebre NES y, aunque entres en una hamburguesería y eches unas partidas a las recreativas, aún estarás jugando a la NES 3. Puedes correr, pero no puedes escapar: es una Nintendictadura, un Nintendarato, un Nintendopolio. Es El Horror.
- El protagonista, no el falso Marilyn Manson. [↑]
- Sí, muchachos, habéis leído bien: James Woods. [↑]
- Me he documentado al respecto y parece que esto era viable en la década de los 80 gracias a una gama de arcades llamada Play Choice 10 en la que se nos daba a elegir entre una serie de juegos de NES a los que podíamos jugar durante un tiempo limitado, pudiendo seguir si insertábamos 25 centavos más. [↑]
bubblebreaker, Usuario
aspirina, Usuario
Berilac, Usuario
chiconuclear, Tah Boss
JuslibolLord, Usuario
Estanis Belmont, Usuario
Pep Sànchez, Tah Boss
Baxayaun, Usuario
Rapther, Usuario
Evil Giamatti, Usuario
pinjed, Tah Boss
Guybrush, Redactor
Radical Ed, Usuario
Partodegoma, Usuario
Sabin, Redactor
Medievil_853, Usuario
Por favor identifícate para comentar.