
You call this «human»?
-- Colonel William F. Guile
Dejadme que os cuente una historia curiosa: cuando vi por primera vez la película de Street Fighter 1, me gustó mucho. Yo era un chaval y ver a esos personajes en pantalla me hizo ilusión y me pareció encomiable que alguien se hubiera tomado la molestia de filmar una adaptación de mi juego favorito. Por aquel entonces, Super Street Fighter II era un básico en mi Super Nintendo; por circunstancias que ni proceden ni son interesantes, mi primo había comprado un cartucho fabuloso que incluía Puzzle Bobble, Street Fighter II y otro juego que no consigo recordar. Mi afán por hacerle la puñeta fue superior a cualquier otra motivación que pudiera moverme en ese momento, por lo que, siendo como era un crío sin conocimiento de ningún tipo de decoro, insistí a mis padres de tal forma que accedieron a comprarme Super Street Fighter II con tal de que me callara. Podríamos decir que pagaron mi silencio, o que compraron su calma. Tener el mismo juego pero mejor era algo que me hacía sentir infinitamente orgulloso. Tanto jugué que incluso llegué a esperar a que mis padres fueran a dormir para levantarme yo y ponerme a repartir candela en el salón; esto me valió un castigo de seis meses sin jugar a la consola.
?A lo que quiero llegar es que vi la película de Street Fighter después de un largo recorrido que me unía inevitablemente al juego de una forma inmensamente sentimental, muy personal. Y me gustó. Aún hoy me gusta: me parece una película encantadora, totalmente ajena a ese afán terrible que tienen hoy los jugadores por ver cualquier incursión de sus personajes predilectos fuera del mundo de los videojuegos como un sacrilegio inaceptable merecedor de penas carcelarias y azotamientos públicos; está creada con una ingenuidad encantadora y, creo yo, con la mejor de las intenciones, sin ninguna maldad. Tenemos tanto dinero, tenemos esta base (si esto fuera una pizza, imaginemos que la trama, su deriva y las relaciones entre los personajes son los ingredientes; la base en esta hipotética pizza de Street Fighter bien podría ser de papel higiénico, o de aire, o de nada, porque es magistralmente endeble), vamos a hacer una película molona; vamos a meter a gente molona (Jean-Claude Van Damme, Kylie Minogue, Raúl Juliá, por amor de Dios, Raúl Juliá) y hagamos algo que la gente quiera ver, que es un propósito perfectamente lógico y en esto la película es perfectamente honesta: si la película fuera de 1970 y hubieran metido a Jean-Pierre Léaud haciendo de Ryu y a Anna Karina haciendo de Cammy, quizá este texto lo estaríais leyendo en Cahiers du cinéma, pero no es el caso porque se dirige a una gente muy diferente: fanáticos de la acción que quieren ver a Van Damme dando leña, un tipo de gente entre la que me incluyo sin pudor alguno.

Dee Jay y Zangief: los Cheech y Chong de Souza.
Porque, ¿es dable esperar una adaptación de videojuego que trascienda a eso, a ser una pieza más del entramado mercadotécnico de la distribuidora? Lo dudo. ¿Es esto especialmente malo? Lo niego. ¿Merece Ryu ser tratado con un respeto afectado y profundo, con el rechazo automático que conlleva esto ante cualquier revisión posible por descarada que sea del personaje, como si fuera uno de los hermanos Karamazov? Lo discuto. Antes dije que había disfrutado de la película. No mentía; es más, sé de buena mano que no soy el único que disfrutó con ella, sé que no soy el único que la considera una pequeña joya de la adaptación de los videojuegos, aunque sea por el absurdo descontrolado que supone (y en el que, por cierto, no es pionera: el año anterior, la película de Super Mario Bros. había definido las claves de un género que sólo Uwe Boll ha sabido continuar con la pericia que caracteriza al director germano). Por todo eso y por mucho más, este texto parece más una carta de amor a un pedazo de celuloide 2 que un análisis de cine comparado que tenga como centro a la película de Street Fighter. Por eso, también, he vuelto a ver Street Fighter, y he vuelto a disfrutarla: sentía que lo necesitaba. Como escribir esta carta de amor. Espero que sepan perdonarme los presentes.
-- chiconuclear

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