
Ya con alguna que otra cerveza en el organismo, el objetivo era probar alguna cosilla antes de ser expulsado del recinto por acoso sexual. El primer afortunado fue MotorStorm: Pacific Rift, más por ser el que estaba más cerca que por otra cosa. Me dio la impresión mientras veía jugar a Mr. Pink, de GamesAjare (que se valió de la mentira y el engaño para colarse), de que no había cambiado demasiado respecto a la primera parte. Cuando me tocó agarrar el DualShock 3 y ponerme a los mandos del vehículo esta impresión se confirmó: es lo mismo, exactamente lo mismo pero en una isla. Los que disfrutaran el primero por lógica deberían disfrutar este, y hay que reconocer que para ser pre-alpha y todo eso no se veía tan mal.

Paul Hollywood estaba rondando por ahí respondiendo a las preguntas de los intrépidos periodistas, pero pasé de preguntarle nada porque tampoco tenía mucho que preguntar. Fue bastante gracioso cuando, en medio de la carrera, el juego decidió dejar de funcionar y se atascó la consola. Rápidamente, un tipo vino corriendo y salvó la situación, poniéndola de nuevo en marcha. Pero como tampoco había mucho más que jugar, la comandita (formada por Víctor Sánchez, de 20minutos, Mr. Pink, de GamesAjare, Sergio de Ya.com y yo) decidimos que era hora de salir a fumar un cigarrillo (estaba totalmente prohibido en el interior del recinto, menuda mierda de fiesta) y volver a la barra a mendigar bebida.
Fue a la vuelta cuando descubrimos lo que sería la gran victoria del día para Sony: los pinchos de pollo. Unas amabilísimas y guapísimas azafatas repartían diversos canapés, como suele ser habitual en estos eventos, y puedo afirmar sin temor a equivocarme que hubo consenso a la hora de concluir que los de pollo eran los mejores. Tras un rato poniéndonos como auténticos cerdos a base de pollo y Becks, subimos a probar Haze.

Y sólo Dios sabe cuánto me habría gustado no hacerlo. Considerando como considero a Free Radical una desarrolladora enormemente competente y con una trayectoria impecable (los TimeSplitters me parecen enormes y Second Sight, aunque algo coñazo, me gustó mucho), ver Haze fue una decepción terrible. Gráficos de Nintendo 64, jugabilidad excesivamente normalilla, una selva tan mal diseñada que no hace más que empeorar las cosas (lo mismo te vienen siete enemigos de repente que estás cinco minutos caminando sin ver a nadie) posiblemente la mayor decepción del evento. Por un momento llegué a pensar que podría ser por eso de que no está acabado, que igual el juego completo mejora, pero a tan pocos días de su lanzamiento lo veo improbable. Esperad más impresiones del juego cuando lo probemos (hola, Ubisoft :)).
Muy cerca de donde estaba Haze, una miríada de periodistas de toda Europa se pegaban como señoras en la sección de oportunidades por probar Killzone 2. Eché un vistazo a ver si había algo que me llamara la atención, pero lo que vi era lo mismo que hemos visto mil veces en los vídeos. Desanimado por la cantidad de pajeros de diferentes nacionalidades que se arremolinaban alrededor del juego, pasé de Killzone y seguí con la ruta. En la misma sala, entre Haze y Killzone 2, había una Bravia en la que se reproducía una y otra vez el trailer de Mirrors Edge; bastante rato estuvimos delante como bobos viéndolo una y otra vez. Mucho ojo con el juego, porque es uno de los de tener muy en cuenta. A ver si se lo curran y consiguen que la mecánica dé de sí para un juego completo, porque podríamos estar ante un vende consolas.

En un piso inferior se pudo ver Little Big Planet. Como es obvio, todos estaban deseosos por jugar. Me tuve que conformar con mirar: en una pantalla, un muñeco llevaba de un lado a otro unos rollos de papel higiénico. En otra, un tipo dibujaba árboles. En otra, el muñeco de antes saltaba recogiendo unas bolas de luz. Ahora que lo estoy pensando, sigo sin entender un carajo de qué va el juego, pero no sé por qué me sigue interesando mucho. Habrá que esperar a darle un tiento antes de adelantar nada. En la misma sala, al fondo, se podía ver Home en movimiento. Mantengo mi opinión de que Home no es más que un Second Life simplificado y que no tiene ninguna utilidad real. ¿Encontrar amigos que estén jugando en ese momento? Maldita sea, un menú de texto funciona mucho mejor para eso. ¿Chatear? Lo mismo, y eso suponiendo que enciendas la consola para chatear en vez de para jugar. ¿Bailar el robot? SÍ, SE PUEDE, y es la única función interesante que le vi. Por más vueltas que le doy, no veo cómo puede triunfar semejante idea. Tiene tanto de accesorio innecesario que no me entra en la cabeza.

Muy cerca de allí, un tipo con un pelo de aspecto realmente desagradable dibujaba cosas en una pizarra y luego se movían en pantalla. Fue entonces cuando Mr. Pink decidió que era hora de dar la nota y dibujó lo que pretendían ser dos tetas y una polla, que al caer se metería entre los senos creando la ilusión de una cubana. Fue un intento bastante fallido pero nos reímos durante unos minutos. Nadie alrededor pareció entender la broma.
Y esto es básicamente todo lo que se pudo ver; aparte de eso, mucha morralla: varios Buzz, EyeToy y SingStar distintos, juegos que ya son más viejos que el copón pero que no están mal para que la prensa se divierta (Guitar Hero III, por ejemplo), y poco más. En resumen, un evento muy bien montado, una muy buena oportunidad para Sony de mostrar sus juegos a la prensa europea que ha sido desaprovechado por no mostrar nada que no se hubiera visto ya y, encima, en un estado de producción bastante poco avanzado. Si estos son los lanzamientos estrella de Sony de aquí a Navidades, lo veo un poco oscuro.

La señora se lo pasó estupendamente con los pompones.
Antes de que la fiesta terminara, y habiendo dado uso conveniente a la barra libre, Mr. Pink, Víctor Sánchez y yo nos retiramos al hotel para escribir nuestras respectivas crónicas como auténticos maníacos de la información. Recogimos nuestros regalitos (una camiseta más bien feilla, Resident Evil: Extinction en Blu-ray, un DVD de prensa, unas postales y un boli) y nos fuimos. Entre cafés, una encantadora camarera llamada Sonia y diversas opiniones sobre lo que acabábamos de ver, nuestro gozo acabó en un negro pozo al ver que una hora de Internet costaba mucho más de lo que estábamos dispuestos a pagar, así que nuestros sueños e ilusiones se vieron truncados. Sin esperar ni un minuto más (ellos tenían sueño por haber dormido poco, yo tenía sueño por no haber dormido en dos días), nos fuimos a nuestras habitaciones planeando organizar nuestro propio evento, con casinos y furcias.
A la mañana siguiente, una fatídica llamada me avisó de que mis 4 horas de sueño se habían terminado. Una ducha y un desayuno bastante escaso fueron todo lo que me dio tiempo a hacer antes de entrar al autobús, que salió por retraso por diversos *ejem* problemas. Ranjit, el conductor del día anterior, estaba presente para, por supuesto, perderse de nuevo y jodernos la visita a las tiendas del aeropuerto. Por unas cosas o por otras, el avión se retrasó un jodido montón y acabamos llegando a Madrid casi dos horas más tarde de lo esperado. Allí, nos despedimos de Mónica y Susana, agradecimos todo, bromeamos sobre lo fatídico de los transportes y nos separamos.
Y el viaje termina aquí. Eso fue el PlayStation Day. En Atocha me despedí de Mr. Pink, vi a Pedro Reyes y soporté una fila de casi 40 minutos para luego comprobar que no tenía ningún tren para volver a casa. Paseé por Madrid sucio, dolorido y cansado, me chupé otro rato largo de metro para llegar a la estación de autobuses, y cuando me disponía a ir a comprar mi billete, una chica me paró y me preguntó:
¿Te gusta leer? ¿Compras libros habitualmente?
Y yo, que ya estaba hasta los mismísimos cataplines de tanto videojuego y tanto maromo, le dije que sí y accedí a que me explicara todas las promociones que el Círculo de Lectores me ofrecía. Si lo hice fue porque ella era realmente guapa, porque lo cierto es que mi opinión del Círculo de Lectores no es demasiado buena y sabía desde el principio que no iba a apuntarme. Pude ver auténtica tristeza en sus ojos cuando le dije que no, la arropé entre mis masculinos brazos y le dije que todo saldría bien, que no pasaba nada. Entre pitos y flautas, cuando me quise dar cuenta había perdido el bus y tenía que esperar unas horas más. A un ciego que vendía cupones se le cayó un bolígrafo debajo de una silla, miró hacia el suelo y se agachó a recogerlo sin palpar siquiera la silla. Cosas de la capital.
Más imágenes del evento a continuación:






































Radical Ed, Usuario
Chewrafa, Usuario
Barnaby, Usuario
JavierGrueso, Usuario
Flagellum Dei, Usuario
chiconuclear, Tah Boss
ozymandias, Usuario
Barnaby, Usuario
chiconuclear, Tah Boss
Radical Ed, Usuario
MJOLNIR Mark VI, Usuario
neth, Usuario
Chewrafa, Usuario
Nae, Usuario
Pep Sànchez, Tah Boss
Chewrafa, Usuario
Nae, Usuario
Sigfrido_el_Velloso, Usuario
Sabin, Redactor
Tito Almo, Usuario
iTor, Usuario
Balthier, Usuario
Flagellum Dei, Usuario
Flagellum Dei, Usuario
Nae, Usuario
Flagellum Dei, Usuario
e3expo, Usuario
ozymandias, Usuario
Nae, Usuario
Makun, Usuario
Flagellum Dei, Usuario
chiconuclear, Tah Boss
Nae, Usuario
Radical Ed, Usuario
Por favor identifícate para comentar.