AnaitGames.com
5/10
Nota Anait
«Necesita un milagro», me decía Pep procurando que no me ilusionara demasiado con la resurrección de Splatterhouse tras tres generaciones a base de ports y revivals de poca enjundia. «¿Pero es muy gore?», le preguntaba yo haciendo caso omiso a sus intentos de disuasión. Y es que cuando uno repasa el juego original y se molesta en fijarse en el momento cultural en que nació y respondiendo a qué tipo de demanda se da cuenta de que mi pregunta escondía el auténtico leitmotiv de la saga, que aquí lo único que de verdad importa es, efectivamente, la sangre.
Por aquel entonces Freddy Krueger nos brindaba ya su cuarta pesadilla, posiblemente la más juvenil y descarriada de la saga, e incluso se estrenaba la serie de televisión que consagraba al entrañable psicópata onírico como el moderno movie monster (compartiendo podio con Jason Voorhees, que ya andaba por su séptima matanza, y Michael Myers, que tras su quinta visita a los vecinos de Haddonfield la cuarta, en realidad decidía colgar el cuchillo y tomarse algo más de un lustro sabático) en la época dorada de la casquería y el disfrute descarado por la ultraviolencia de verbena.

Pero los videojuegos aún no tenían nada que extrapolase esa insaciable sed de sangre que presentaban un buen número de adolescentes, así que Namco decidió arriesgarse y la jugada le salió redonda: Splatterhouse no era un gran beat'em up, ni un gran plataformas. Carajo, ni siquiera era un gran juego si debo ser honesto, pero tenía algo único hasta el momento como era ese culto a la tripa, la podredumbre y los monstruos que más que miedo daban pena y asco, babeantes, cubiertos de tumores, arrastrándose hacia nosotros como podían para que termináramos de una vez con su sufrimiento. Y además lo hacíamos controlando a Rick, un perdedor al que las circunstancias han convertido en una bestia muy alejada de la imagen del príncipe en busca de rescatar a su princesa. Su físico y esa máscara maligna evidentemente inspirada en Viernes 13 nos daba a entender que nuestro personaje era tan malo o quizá más que aquel hatajo de mindundis con la piel del revés que habían osado llevarse a nuestra amada Jennifer. Fuego con fuego, que dirían los Scissor Sisters.
¿Y qué nos depara entonces esta nueva versión de Splatterhouse? Pues básicamente la misma filosofía. Estamos ante un beat'em up del montón, con una cámara terrible y momentos de plataformeo que son más un lametón en la oreja al fan de la saga original que un valor añadido al título, con una mecánica de combate imprecisa, tosca y falta de ritmo que incluye repetitivas secuencias de obliteración excepcionalmente violentas que hacen gracia dos veces pero a la tercera empiezas a preguntarte por qué has sido tan idiota de volver a pulsar el botoncito rojo. El desarrollo de los niveles es el que cabía esperar sabiendo lo anterior: estancia, enemigos, siguiente estancia, más enemigos y de vez en cuando el pequeño homenaje al original haciéndonos avanzar en scroll horizontal saltando fosos y zonas de pinchos retráctiles. Se agradece la diversidad en este sentido, precisamente uno de los puntos débiles de la saga, pero lo cierto es que a juzgar por el trabajo puesto en este tipo de fases, parece que se haya incluido a regañadientes, obligados por una distribuidora obsesionada con saciar a los puristas de la franquicia.

Como decía Pep en sus primeras impresiones, el desarrollo del juego ha sido problemático hasta el punto de llevarse por delante a un estudio entero, y quizá ese sea uno de los motivos de que el resultado haya sido un juego tan huérfano de espíritu y carente de la audacia del primer Splatterhouse. Ni siquiera la dirección artística, muy cuestionable pero también firme en sus propias convicciones y su propia búsqueda de lo brutal, ha conseguido darle una personalidad rotunda y distinguible. Quizá sea esa influencia del cómic la que lo haya alejado de sus viscosos burbujeos originales, de esa mezcla de asco y fascinación por encorvadas criaturas fetales cuyos tejidos ceden con pasmosa facilidad frente al impacto de una barra de metal y terminan aplastados contra un muro, deslizándose lentamente como un tomate podrido.
El nuevo Splatterhouse es más furibundo, más enérgico, de una violencia más feroz y unos diseños más agresivos, y aunque esa revitalizada mala leche debería contribuir positivamente al resultado final, la cruda realidad es que se convierte en otro clavo más en su ataúd. La posibilidad de desbloquear los tres juegos originales y el puro completismo se tornan en las únicas razones de peso para hacerse con este título siempre que el precio entre en los márgenes de lo razonable. Si no conocisteis en su momento al original, un verdadero fruto de su tiempo difícil de disfrutar a los mismos niveles ahora que la sangre y las cabezas arrancadas a hostias son el pan de cada día en el medio, me temo que solamente os queda la esperanza de que los incontables litros de plasma y las costillas al aire toquen algún resorte subrepticio en vuestro interior que os haga pasarlo en grande con esta revisión que asoma medio cuerpo por el abismo de lo fallido. Conmigo, desde luego, no ha funcionado. [5]
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Ostias, que original! No se como a nadie se le habia ocurrido antes hacer crossovers de clasicos con la portal gun.
Lockeric en "La descojonante unión de Street Fighter II y Portal ”
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Un poco malas las animaciones de los aliens.
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@pinjedSí, pero a nivel argumental no tienen mucho que ver. El relato transcurre a lo largo de diferentes años (6 creo recordar) mientras que la película es ...
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