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Nota Anait
Cuesta mucho no derramar una lagrimita cada vez que uno piensa en los juegos de Sonic que han aparecido en los últimos años. Mucha gente coincide en que el problema llegó con la transición a las tres dimensiones, pero el declive de la saga es todavía carne de debate. No hay consenso en cuanto a qué títulos se salvan de la hoguera, aunque bien es cierto que los menos criticados son los Adventure. Otro que parece quedó en el limbo fue Sonic y los anillos secretos, primera incursión del erizo en la Wii de Nintendo.
Ahora, basándose en este último (y aparentemente con la intención de crear una subsaga), el Sonic Team prueba suerte de nuevo, esta vez con la leyenda del rey Arturo y su característico ambiente medieval. Veamos qué tal les ha ido.
Aunque desde el punto de vista argumental la historia es una fumada del quince, cualquiera que conozca el relato del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, aunque sea de oídas y por encima (también vale ser fan de los Monty Python), reconocerá mucho de lo que hay en el juego, empezando por personajes como el propio Arturo, la Dama del Lago, o los Caballeros de la Mesa Redonda. Caballeros que, junto a Sonic, conforman el elenco de personajes jugables: Sir Lancelot (Shadow), Sir Gallahad (Knuckles) y ¿Sir? Perceval (Blaze).
Y es que la ambientación está lograda: niveles dentro de cuevas, a lo largo de grandes llanuras, o en el interior de las murallas del imprescindible castillo de Camelot constituyen junto a muchos otros el conjunto de escenarios medievales que cabe esperar de un título como éste. No falta algún dragón, tampoco.

Volviendo al argumento en sí, en esta ocasión nuestro querido puercoespín parlante es invocado a Camelot por Merlina, nieta de ya-sabéis-quién *guiño, guiño* para que la salve a ella, y ya de paso al reino entero, del despótico caballero negro, que es en realidad un rey Arturo corrupto. ¿Qué os había dicho? De todas formas, la historia cumple su cometido: sirve como excusa para dar pie al juego, y lo hace de una manera simpática y entretenida.
En cuanto al juego propiamente dicho, lo primero que llama la atención al introducir el disco en la ranura de la consola es lo mucho que el juego bebe de su predecesor, para lo bueno y para lo malo. Desde el diseño de algunos menús hasta el mismísimo planteamiento por misiones del juego, pasando por la personalización de los personajes (esta vez mucho más simple y cómoda), casi todo parece calcado de Los anillos secretos.
Sin embargo, una vez empieza la acción queda patente el principal cambio respecto a éste: Sonic lleva una espada en la mano, y va a tener que usarla. Mucho. Y estamos hablando de la Wii, así que ya sabéis por dónde irán los tiros.

Efectivamente, tendremos que menear la mano como unos
Lo cierto es que ese esquema no tendría ningún problema si el control acompañara, pero en este caso el Wiimote es de todo menos buen compañero de fatigas. A menudo se encuentra uno zarandeando el mando para ver con frustración que a Sonic le cuesta entendernos, que necesita demasiado tiempo para procesar la información que le proporcionamos. Sonic, YOU're too slow.
Otras veces, basta respirar para que Sonic pegue un espadazo indeseado.
Sin embargo, el problema principal no es lo nuevo que trae el juego, sino lo que hereda. Concretamente la falta de comodidad, fluidez y la escasa sensación de libertad inherente a su naturaleza sobre raíles. No nos equivoquemos, no pongo en entredicho la calidad de ese tipo de juegos. Pero con un juego de Sonic, la cosa no cuaja. El control se ve lastrado por lo incómodo que resulta volver hacia atrás si se te ha pasado algo, o la poca velocidad del personaje a la hora de moverse lateralmente (deliciosamente imperceptible cuando vas a toda pastilla hacia delante, pero frustrante en cualquier otra situación).

Aquí haré un inciso para explicar esta parte con algo más de detalle, porque quizá me haya precipitado al asumir que habéis jugado a Los anillos secretos. La cosa va de correr hacia delante a través de (a veces en sentido figurado, a veces no) pasillos, nunca en entornos libres. Recordemos que éste es un juego sobre raíles. ¿Que qué quiero decir, preguntáis? Para que os hagáis una idea, el movimiento del personaje es como en un shooter en tercera persona, pero sin controlar la cámara: arriba para avanzar, abajo para retroceder (lentamente, eso sí) e izquierda y derecha para moverse lateralmente, pero siempre bajo el mismo ángulo. O lo que es lo mismo, sólo dejaremos de ver la espalda de Sonic en las escasas secuencias 2D. Fin del inciso.
Resumiendo, el control sabe frustrar y lo consigue. En los peores momentos no me habría extrañado ni oír por el altavoz del Wiimote un "te jodes, detecto lo que me da la gana ni que el nunchaco me mirase con stick de no es culpa mía que todo en esta consola sea un puto juego on-rails, y lo sabes.
Pero aún queda hilo del que tirar. Y no todo va a ser malo, de hecho. Para empezar, la duración del juego está bien planteada: una historia más corta (y fácil) de lo normal que se complementa con la verdadera salsa del juego: las misiones secundarias.

Si bien algunas de éstas pueden llegar a resultar frustrantes por los motivos ya expuestos y por un ligero abuso del prueba y error (más acusado en otros títulos del erizo, sin embargo), hay suficiente variedad de objetivos, que invitan a seguir jugando gracias a su dificultad y a la posibilidad de desbloquear extras y nuevas misiones.
Los otros tres personajes jugables también suponen un soplo de aire fresco, aunque no se controlen de forma radicalmente distinta. Por si fuera poco, hay cierta recompensa seminostálgica por llevar a cabo suficientes misiones, pero no os la voy a espoilear. No llega al nivel de esto pero sigue siendo un guiño bastante simpático.
Imagino que no estoy solo cuando digo que la música apenas ha desmerecido a lo largo de la saga. De hecho, hay veces que pienso en la última generación de juegos de Sonic, y me digo: el juego será lo que quieras, ¿pero y esas melodías? So awesome. Pues la regla se cumple en El caballero negro, y con creces. Pocos niveles fallan, y el tema principal vuelve a ser tan épico como casi siempre. Sumamos un tema no tan épico pero igualmente bueno para el combate final, et voilà, cóctel soniquero explosivo. Mención especial a la melodía del primer nivel, el Lago Brumoso, que consigue erizarme el vello.

Por desgracia, no he podido probar el modo multijugador, pero sí os puedo contar que las características online del juego se reducen a un sistema de clasificaciones para ciertas misiones. Hubiera estado bien que se pudiera jugar online al modo multi, pero para que hubieran hecho falta códigos de amigo, casi mejor quedarse así.
En definitiva, Sonic y el caballero negro es un juego que se deja jugar, y si el jugador es consciente de qué se va a encontrar, no decepciona. Y se disfruta cosa mala. Aun con todo eso, no brilla, y hay muchas cosas que se podrían y deberían mejorar. Esperemos que el Sonic Team dé buena cuenta de todos esos fallos para el siguiente título que doy por hecho tarde o temprano llegará.
Nota: 6
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Ostias, que original! No se como a nadie se le habia ocurrido antes hacer crossovers de clasicos con la portal gun.
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