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Nota Anait
¡Ah, los plataformas! Cuánta diversión nos han brindado en el pasado y qué poco se dejan ver hoy en día. Me parece una verdadera pena que pasaran de moda, porque... ¿qué hay más gratificante que un salto bien calculado y ejecutado? ¿Que un debilucho enemigo aplastado o troceado? ¿Que ese maldito nivel de las pelotas, al fin superado? Nada, señores, nada. Y aquí está Prinny para reivindicarlo.
Prinny: Can I Really Be the Hero? es un plataformas de los de antes, de los que no perdonan, con una mezcla de sprites y mecánica en dos dimensiones con fondos 3D. La historia se sitúa tras los sucesos del primer Disgaea (según tengo entendido, porque todavía no me lo he pasado y no quiero espoileármelo más todavía), y es tan simple como que a Etna le han robado un Ultra Postre y la muy explotadora decide enviar un grupo de mil prinnies a reunir los ingredientes para que le hagan otro. Los (escasos) diálogos del juego están tan cargados de lulz como uno podría esperar tras leer una premisa tan sumamente chorra, y es que en ese aspecto hace honor a la saga.

Otro elemento que no se han olvidado de incluir es esa actitud de "soy un juego hardcore y tú eres un casual, porque aunque te crees gamer para mí no eres mejor que tu hermanita pequeña la que juega al Horsez y a los Imagina ser". Demonios, si es que el juego te considera un casual si escoges el (ya de por sí infernal) nivel de dificultad normal.
Pero hablemos del juego en sí. Empiezas con mil vidas, con la gracia de que esta vez el indicador de la esquina inferior izquierda tiene sentido literal, porque cada prinny es un miembro distinto del ejército personal de Etna (aunque visual y jugablemente sean todos iguales). Eso también quiere decir que no hay manera de conseguir vidas extra: si un prinny muere en la tumba se queda, por lo que hay un límite bien claro y si lo sobrepasas, fin de la partida, amigo. Que casi más difícil que el propio juego sería perderlos a todos, pero eso ya es cosa de la habilidad de cada uno.
El repertorio de movimientos es básico: salto, doble salto, cuchilladas tanto en aire como en tierra, el clásico pisotón, lanzar objetos... También hay un movimiento que proporciona un estado de invulnerabilidad durante un tiempo limitado, y aunque pueda ser útil en algún momento en concreto ni siquiera una habilidad como ésta nos libra de un asombroso número de muertes.

La estructura del juego tampoco es especialmente novedosa: varios niveles (a elegir al principio) con un jefe al final de cada uno. Los jefes, a pesar de que en el fondo consistan en dar unos cuantos pisotones y aplastar el botón cuadrado a toda velocidad, son bastante variados y algunos llegan a desesperar (el jefe final se lleva la palma en esto). ¿He dicho ya que el juego es difícil? Aunque parezca mentira, la dificultad es lo que más caracteriza a este título. Los primeros niveles, por supuesto, son casi inofensivos, pero a poco que avanzas te das cuenta de que los demás están diseñados con toda la mala leche del mundo concentrada.
Que conste que no es broma, eh: están pensados al milímetro para frustrar. Si pegas un salto o esquivas un ataque enemigo, fácilmente puede aparecer otro que no era visible en pantalla antes de empezar la maniobra y cortarte la jugada. Aquí es donde entran en juego las mil vidas y la repetición hasta la saciedad, porque con la práctica acabas encontrando alguna manera de llegar hasta el siguiente punto de control. Para mayor hilaridad, la valoración que recibes al terminar las fases depende de las veces que mueras.
Y así nos podemos tirar unas cuantas horas, muy amenas, hasta llegar a completar la historia principal. Cosa de una tarde o dos, tampoco es que dure mucho la aventura. Sin embargo, no es tan importante la duración como el ritmo de juego en sí; el juego entretiene en todo momento. Mejor que la cosa acabe mientras te diviertes y no que se alargue injustificadamente y lo abandones sin terminarlo.

De todas formas, la vida del título no acaba pronto, ya que los niveles varían ligeramente según el orden en que los juguemos, cosa que añade rejugabilidad. Además, hay objetos ocultos que conseguir y se pueden desbloquear niveles, jefes extra y una historia alternativa. Por no hablar del contenido descargable.
Llegados a este punto del análisis, me paro a pensar si puedo nombrar algún defecto llamativo, algo que no pueda dejarme en el tintero, y la verdad es que no lo encuentro. El juego no es perfecto, por supuesto, y tampoco hay nada que destaque y que me haga ponerle un diez o gritar GOTY a los cuatro vientos o algo parecido. No es imprescindible, pero es sólido, es gracioso, es bonito, es divertido, es bueno.
Nota: 8
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@pinjedSí, pero a nivel argumental no tienen mucho que ver. El relato transcurre a lo largo de diferentes años (6 creo recordar) mientras que la película es ...
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